4 de febrero 2004 - 00:00

"En este show, me muestro más íntimamente que nunca"

Marikena Monti
Marikena Monti
Marikena Monti abandonó, «sólo por un tiempo», su actividad central como cantante, y la comparte con la más novedosa de actriz. Su nuevo espectáculo, «Secretos a cuatro voces» -Teatro De la Casona, sábados a las 21-, escrito por Pedro Orgambide y Patricia Zangaro y dirigido por Diego Kogan, la obliga a ponerse en la piel de tres mujeres -no casualmente, tres cantantes-y, desde ese lugar, interpretar textos además de cantar. «Siempre tuve ganas de hacer teatro», dice Marikena Monti en charla con este diario. «Pero no se daba la situación. Porque no quería hacer cualquier cosa y hacerla mal».

Periodista
: ¿Y cómo se concretó «Secretos a cuatro voces»?

Marikena Monti: Curiosamente, nació en una sesión de terapia hace unos dos años.Yo estaba en un momento malo, cuestionándome mi actividad y, de repente, me brotó la idea. En principio era como un juego: personificar a tres cantantes pero no en la cima de su éxito sino en las sombras, porque creo que es ahí donde aparece la luz de un artista.

P.: Plantea una visión romántica del arte y el artista...

M.M.: No quiero que se entienda lo que digo como una apología del horror por el que han pasado tantos artistas, que murieron en la oscuridad y después sus obras se cotizan por millones. No es la apología de la decadencia. Precisamente por eso, porque creo que existen racismos, discriminaciones, injusticias, que alejan a algunos artistas de su verdadero lugar es que quise meterme en ese terreno.


P.:
¿Qué artistas eligió para representar y por qué?

M.M.: En principio, pensaba en una tanguera, una cantante de boleros y otra de jazz. Me sugirieron que hablara con Pedro Orgambide, que propuso a Pepita Avellaneda, el primero de los personajes. Y, pese a ser la única argentina es, quizá, la menos conocida. Su historia es muy interesante porque después de una juventud de mucho éxito terminó cuidando el guardarropa del cabaret Chantecler. Pedro a su vez me sugirió el nombre de Patricia Zangaro y con ella llegamos a los otros dos personajes: Edith Piaf, una artista que me ha acompañado toda la vida, y Billie Holliday, dos mujeres en las que también convivieron el reconocimiento y el abandono. Y con Patricia también coincidimos en convocar a Diego Kogan para que me dirigiera.


P.: ¿Qué diferencias hay entre cantar, desde su propio lugar, y ponerse en la piel de otras mujeres para vivir sus vidas?

M.M.: «En el teatro no hay reglas ni convenciones, se inventan arriba del escenario», me dijo Kogan el primer día.Y eso me dio mucha libertad para crear a partir de sus sugerencias y sus indicaciones. Es claro que el canto es diferente del teatro, porque el público también juega otro papel. El teatro es más lúdico; de hecho, muchas veces los niños juegan al teatro cuando hacen representaciones para ellos mismos, inclusive solos. También es distinto en lo personal, porque ya no se trata del propio dolor o de la propia alegría sino de los sentimientos asociados a un personaje. Lo que está muy claro es que en este espectáculo me estoy mostrando más íntimamente que nunca.


P.:
¿Cómo están resueltos la presentación y el cambio de los personajes?

M.M.: La presentación se hace en los textos. Y el cambio de una a otra se da con sutiles cambios de luz y de vestuario que hago sin salir de escena.Y están además las canciones. Aquí, la música, que canto sobre una pista grabada por el pianista Oscar Laiguera, está muy enraizada en la dramaturgia; en ese sentido, no tiene nada que ver con la comedia musical. Hago fragmentos de canciones pero de muy bellos temas; porque la característica común a estas tres mujeres, como de todos los grandes intérpretes, es haber hecho muy buen repertorio. Y todo cierra con una suerte de epílogo con una canción mía, la primera que me atrevo a mostrar, con música de Laiguera que habla justamente sobre las tristezas y las alegrías alrededor de la vida de un cantante.


Entrevista de Ricardo Salton

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