27 de noviembre 2001 - 00:00

En los años cíber, regresa Sandokán

Daniel Kuzniecka como Sandokán
Daniel Kuzniecka como Sandokán
(27/11/2001) Daniel Kuzniecka personificará a Sandokán, el tan misterioso como olvidado príncipe de la Malasia creado por Emilio Salgari, en una producción titulada « Teatro de aventuras en los atardeceres de verano». La obra tendrá su preestreno el domingo 16 de diciembre a las 18 en el Centro Cultural «Adan Buenosaires» del Parque Chacabuco.
 
Aunque en general se lo relaciona más con el cine, donde protagonizó
«Cenizas del Paraíso» de Marcelo Piñeyro y «Amigomío» de Jeanine Meerapfel, entre otros trabajos, o la televisión (actualmente es uno de los galanes de «Yago, pasión morena»), Kuzniecka muestra un especial entusiasmo por este espectáculo destinado a los chicos, que llevará a Mar del Plata como uno de los títulos de la próxima temporada en la costa.
 
La dirección de la obra pertenece a
Daniel Mises y completan el elenco Alejandra Darin, Manuel Vicente, Marcelo Oliverio, Pablo Iemma y Jorge Gerschman.

Periodista: ¿Hay algún chico hoy que conozca a Sandokán?


Daniel Kuzniecka
: No lo conocen, pero en la obra hay una invocación muy clara a ese mundo de aventuras que hoy hemos perdido. Es una recuperación de los juegos a la hora de la siesta con elementos que cualquier chico tiene a mano, tenga o no televisión y computadora. Es volver a la ilusión de que con un simple palo de madera, un parche y un pañuelo ya alguien es un pirata. Además, la obra presenta varias analogías con la actualidad y uno de sus mensajes más importantes es que hay que escuchar a las minorías, porque si no se van a hacer escuchar de otra forma. No se puede negar la existencia del otro.

P.. ¿Qué le atrajo de este proyecto?

D.K.: Me pasó algo muy extraño. Recién después de dos meses de ensayos me acordé de que cuando tenía diez años copié el dibujo de Sandokán de un libro de la vieja colección Robin Hood. Creo que esa fue la primer novela que leí entera.

P.: Pero ¿qué fue que lo sedujo? ¿esa cruza de aventurero y de galán?


D.K.:
Es un personaje que da para muchas lecturas, sobre todo en este momento. Acá no hay buenos ni malos. La obra habla de la opresión del gobierno inglés sobre los malayos y mi personaje es un príncipe de la Malasia que lleva una vida oculta y más bien salvaje.Digamos que está alejado de las instituciones y que opera como un pirata para independizar a su pueblo.

Adaptación

P.: ¿La obra es fiel al original?

D.K.: Esta es una adaptación de la primer novela de Salgari, «Los tigres de Mompracem» que el director Daniel Mises ya había montado hace varios años en otra versión. En lo argumental se narra la epopeya de la liberación del pueblo malayo a la que se suma la historia de amor entre Sandokán y Lady Mariana, tal como lo indica el autor.

P.: ¿Por qué Sandokán está fuera de la ley?

D.K.: Esa es la pregunta clave de la obra. ¿Por qué está fuera de la ley? Sandokán sabe que mueren millones de niños en el mundo y sabe también que el mundo tiene las herramientas para que esto no siga ocurriendo... En fin, queremos que todo esto se entienda sin dar la razón a nadie, porque nadie la tiene en forma exclusiva. Es más, creo que todos la hemos perdido hace tiempo.

P.: ¿Ya había trabajado para los chicos?

D.K.:
En 1998 hice en televisión la segunda parte de «Dibu». Pero, en realidad, mi principal antecedente fue mi protagónico en «Los capitanes de la arena» de Jorge Amado, que hice en 1987 dirigido por Julio Ordano.

P.: ¿En qué medio se mueve más cómodo?

D.K.:
El teatro da más tiempo para elaborar un personaje, pero también me gustan mucho el cine y la TV. Pese a su inmediatez yo siempre trato de armar mis personajes con toda una batería de detalles, como si se tratara de una clase de primer año con Agustín Alezzo o Lizardo Laphitz. Siempre trato de investigar, hice guardias médicas, estuve en la morgue de la Universidad...

P.: ¿Y cómo reacciona la gente cuando lo ve por ahí?


D. K.
: Ultimamente encuentro algunas dificultades que obstaculizan mi observación de la realidad y de la gente, de repente el observado soy yo. Por ahí escucho que dicen: «Mirá quién está ahí» y me siento un poco incómodo. Me gusta trabajar a nivel masivo pero siempre me resistí a ser una figura popular. De todas maneras, debo reconocer que eso también halaga.

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