28 de noviembre 2005 - 00:00

Ennio Iommi, como un Balzac contemporáneo

El humorsarcásticoe incisivode Iommiestápresenteen cadauna de susobras.
El humor sarcástico e incisivo de Iommi está presente en cada una de sus obras.
A sus casi 80 años, el escultor Enio Iommi continúa batallando contra los rasgos de locura y obscenidad de la sociedad actual. En «La cocina humana», título que parodia y a la vez implica una versión degradante de «La comedia humana» de Balzac, Iommi presenta una serie de tablas de picar carne cargadas con sorprendentes objetos dispuestos en aparente caos. La muestra, que se exhibe en estos días en la galería Delinfinito, trata sobre la antropofagia, con el agravante que bien observa la crítica Elena Oliveras en el texto del catálogo, cuando dice que Iommi revela que «la impúdica exageración en el ' comer' no sólo incluye al Otro sino a nosotros mismos. Evidencia que el ser humano ha perdido no sólo la capacidad de sentir sino de sentirse».

Con su ya tradicional humor sarcástico y su mirada incisiva, el veterano Iommi asume la tarea de poner sobre sus tablas la comida -en ocasiones chatarra- que alimenta el mundo del arte. Es decir: muchos de los sapos que a veces se come la gente. De este modo, cada tabla tiene los ingredientes a la vista, como la dedicada al arte de la década del 90, signada por el cotillón y los muñequitos de pelouche. Durante este paseo insolente por la historia del arte moderno, coloca un afilado cuchillo frente a un ojo que remite al film «El perro andaluz», y monta un emblema del vernissage argentino, le dedica dos tablas a arteBA donde abundan las copas de champagne y las pinturas de colores chillones.

Sin embargo, en esta cocina también se destaca el indiscriminado abuso del objet trouvé en la configuración de las obras, método que Iommi utiliza sin reparos para crear los assemblages que presenta en esta muestra. Así, con un gesto de libertad suprema, incluye sus propios ingredientes y coloca sus collages en la misma salsa. Ahora, si el artista en cuestión es arte y parte de la comida basura, ¿cuál es la gracia del asunto? La denuncia es compleja, se dirige no sólo a la voracidad antropófaga del arte que se adueña del arte propio y ajeno, sino también a la falta de valores imperante en el mecanismo consumista.

El ojo del artista en la tapa del catálogo puede verse como una advertencia. En suma, con sus intenciones críticas y sus ironías culinarias, Iommi le pone sal y pimienta y logra mantener vivo el proceso de interpretación de la obra de arte. En una de sus tablas pone un espejo, con el afán confeso de «vernos o sacarnos el monstruo que llevamos», y aun a costa de representar «la maldad, los pecados, el infierno que llevamos dentro», coloca su obra en una tabla con la intención de cocinarla en la misma cacerola, en pie de igualdad.

Aunque el escultor renuncia a la belleza en aras de la expresión, para que la contundente obra funcione como estímulo para la percepción, las tablas mantienen su encanto. Sepultadas bajo un caótico mix, las formas de madera recortada evocan las líneas aerodinámicas características de los trabajos abstractos que consolidaron su fama.

Integrante en la década del 40 del movimiento Arte Concreto Invención, Iommi se resiste a redundar en la fórmula de impecable estilo que lo consagró, repetida hasta el fin de sus días casi sin variaciones por los otros miembros del grupo. En 1977 comenzó a utilizar materiales descartables, luego, adoquines. En 1999 presentó cacerolas y utensilios domésticos, en una exposición cuyo título lo decía todo: «Mis utopías versus la realidad». Ahora, con una llamativa capacidad de producción, Iommi vuelve a interpelar al espectador y le enseña a abrir las puertas de la interpretación.

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