Allí eran recluidas huérfanas e indigentes, pero también otras jóvenes arreadas por sus propias familias por «delitos» fundamentalmente relacionados con el sexo. Tales hogares funcionaban como campos de concentración, con «kapos» incluidas, donde las internas eran obligadas a trabajar a destajo a fin de expiar sus pecados y alcanzar la vida eterna, y de donde, si no lograban evadirse, sólo salían muertas. Se calcula que pasaron por ese infierno terrenal alrededor de 30.000 mujeres.
El film de
El guión del mismo
Si bien el director acierta más cuando sólo sugiere (la escena muda que sigue a la violación es el mejor ejemplo), y yerra cuando subraya sin necesidad (la monja que cuenta plata con actitud de avara, la cámara que va de una mesa de desayuno a otra remarcando diferencias), no se le puede pedir más «sutileza», teniendo en cuenta la obscenidad de los hechos que muestra.
Las actrices (todas) sirven con alma y vida a sus personajes, en una obra cuyo fuerte valor testimonial seguramente incidió en el jurado del festival de Venecia que el año pasado le otorgó el León de Oro, su premio principal.
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