"Es como tener que hacer una película cada semana"

Espectáculos

"Todo era amor... amor!/ No había nada más que amor/ en todas partes se encontraba amor/ no se podía hablar más que de amor". Los versos de Oliverio Girondo son el leitmotiv del unitario «Un mundo de sensaciones», y el amor es el tema excluyente de los capítulos que «América» emite todos los miércoles a las 23.

Protagonizado por Andrea Pietra, Alejandra Darín, Javier Santamaría, Antonio Birabent (elenco que interpretó el año pasado «Por ese palpitar») y las incorporaciones de Gustavo Garzón y Valentina Bassi, el equipo sigue trabajando con el mismo director, Pablo Fischerman, y el guionista Pablo Solarz. El primero viene del ámbito de la publicidad y dirigió varios videoclips; el segundo es el autor del libro del nuevo film de Carlos Sorín («La película del rey»), «Historias mínimas», que se rueda en la Patagonia.

El ciclo presenta varias similitudes con su antecesor: no sólo el tema es fundante, sino que además los planos del relato se alternan continuamente entre realidad y ficción. Y la canción es de Sandro. Dialogamos con el director y guionista:

Periodista: Siempre muestran el amor emparentado con la mentira y el desengaño, ¿eso da resultado en pantalla?


Pablo Solarz:
En realidad no tiene por qué haber siempre mentiras pero ocurre que para que sea una historia para televisión debe tener conflicto y al hacer historias de amor todas las semanas, durante dos años, hay muchas mentiras y desengaños.

P.: Al explicitar que en la comedia hay un final feliz y en la tragedia uno trágico, ¿no se corre el riesgo de que el público no se sorprenda y conozca desde el comienzo el desenlace?


P.S.:
Ese era justamente el desafío, decirle a la gente que termina bien o mal y que igual se quede viendo como se va resolviendo el conflicto, que es lo interesante. Es como no leer «Romeo y Julieta» porque se sabe que se pudre todo.

Pablo Fischerman:
Cuando uno ve «Tootsie» sabe que va a terminar bien. Con «Titanic» uno conoce la historia y sin embargo se ve y fue el mayor éxito de taquilla. El 95 por ciento de las películas, una historia de amor tienen.

P.: ¿Qué otras características definen a «Un mundo de sensaciones»?


P.F.:
Nosotros jugamos a que hacemos una peliculita cada semana, aunque lo hagamos en tres días y con pocos recursos, lo que nos recuerda que no deja de ser televisión. El riesgo es que el público tiene que animarse a comprar «la diferencia», es decir, saber que va a ver una película cada semana. En general, el televidente compra la repetición y está acostumbrado a ver siempre lo mismo. Con «El manosanta» de Olmedo ya se sabía lo que pasaba y el chiste era ese. Acá la gente se tiene que animar a prender el televisor y aceptar ser sorprendido cada vez por una historia y personajes diferentes. Uno se arriesga a que el público se enamore del personaje de un solo capítulo porque en el próximo ya no será el mismo.

P.: ¿Las historias se conciben pensando a priori por quién serán protagonizadas o funciona a la inversa?


P.S.:
Tratamos de pensar en la historia y no hacer el reparto cuando escribimos. Luego lo leen y deciden quién desempeñará mejor el papel.

P.F.:
Lo que sí se hace es repartir los protagónicos, si fue la semana pasada Alejandra Darín la próxima será Valentina Bassi y la siguiente Andrea Pietra.

P.S.:
Y el siguiente «Popovsky». Es más, ya estoy escribiendo un guión en el que Popovsky es protagonista durante seis meses y el resto pivotea alrededor.

P.: Los creadores de la idea, que son varios de los actores, ¿les dicen lo que quieren que se escriba?


P.S.:
Nos dejan trabajar tranquilos pero son muy críticos, hay siempre una devolución en la que se expresan las opiniones de cada capítulo. Pero puedo sentarme con la hoja en blanco y empezar a escribir la historia que quiero sin aprobación previa. De los 35 capítulos que se hicieron el año pasado hubo tres que no gustaron y están en el cajón.

P.: ¿Aceptan aportes de guionistas independientes?


P.S.:
Este año estamos buscando guionistas nuevos, convocamos con una solicitada a quienes quieran aportar libros.

P.: En «Por ese palpitar», ¿recibían muchas historias de gente que mandaba sus casos para que fueran representados?


P.S.:
Lo interesante era que la ficción funcionaba como si las historias fueran reales, entonces la gente mandaba las historias y a nosotros nos servía nada más que como antena. Las utilizábamos para tantear en qué andaba la vida real y en qué nuestra ficción. Algunas fueron absolutamente reales.

P.: El público creía que todos los casos eran reales..


P.S.:
Ese fue el logro de «Por ese palpitar», que la gente nos sigue preguntando «¿Eran reales?». Que lo contesten ellos. Si no se cree en los fantasmas para qué leer Shakespeare.

P.: ¿Donde ubicarían a los reality shows, en la realidad o en la ficción?


P.F.:
Es algo muy interesante por los tiempos que manejan; siempre hay un conflicto, como en la ficción. Cuando uno hace ficción tiene claro cuál es el conflicto, pero al verlos cenando a los diez participantes, aparecen subtemas, subtextos, que son ricos. Puedo hablar seis horas seguidas de por qué me parecen mal los reality shows porque es un sistema sanguinario, pero la realidad es que me enganché con «El bar», lo veo, me divierte, me enganchan los personajes.

P.: ¿Vuelca muchas cosas de su vida personal en las historias?


P.S.:
El que escribe puede meter más o menos cosas de su vida personal, como más le conviene pero la materia prima de cualquier ficción es la vida.

P.F.:
Si no, los reality shows no andarían.

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