24 de agosto 2006 - 00:00

Espinoso tema actual enriquecido con humor

Con lenguaje llano, «Caminando sobre el agua» ofrece interesantes observaciones sobre sentimientos y resentimientos entre alemanes y judíos, entre alemanes de diversas generaciones y también algo sobre judíos y palestinos.
Con lenguaje llano, «Caminando sobre el agua» ofrece interesantes observaciones sobre sentimientos y resentimientos entre alemanes y judíos, entre alemanes de diversas generaciones y también algo sobre judíos y palestinos.
«Caminando sobre el agua» (Walk on Water, Israel, 2004, habl. en inglés, hebreo y alemán). Dir.: E. Fox. Guión: G. Uchovsky. Int.: L. Ashkenazi, K. Berger, C. Peters, G. Shemer, C. Regnier, J. Seguid, E. Rozales.

Con lenguaje llano, sin mucha pretensión artística, lo que en este caso se agradece, y con unos apuntes de comedia bastante sabrosos pero poco aprovechados, lo cual se lamenta, esta producción israelí desarrolla la aventura de un killer del Mossad haciendo amistad con los nietos de un criminal nazi, al que debe ubicar y eliminar. El detalle es que él es homófobo recalcitrante, y justo uno de sus nuevos amigos es gay harto practicante.

Causa gracia ver al agente secreto, que conoce varias formas de lucha cuerpo a cuerpo menos «ésa», preguntarle al chico si la experiencia duele mucho, y ver a éste enseñando a sus estirados parientes germánicos una linda danza judía (sin decirles el origen), y sería bueno que alguien retome por ese lado a estos personajes, o retome los costados de humor negro que también aparecen en otras partes del film, por ejemplo cuando el agente secreto clava una inyección letal en el trasero de un jefe palestino en Turquía, o cuando discute con su jefe la posibilidad de raptar de Alemania al nazi, para juzgarlo en Israel.

Incluso la propia reaparición del viejo criminal, hecho una calamidad sanitaria, es casi un toque de humor negro, aunque el director judeo- norteamericano Eytan Fox haya preferido darle un tono más serio. Es que, para él, ese personaje que vuelve del pasado no puede ser nunca un motivo de risa, sino de espanto, y acaso también, inesperadamente, en segunda instancia, motivo de lástima por parte de su posible y hasta ese momento inflexible ejecutor. Y aquí viene el asunto del título: ¿es posible purificar el alma de tal modo que uno, pecador de tantos años, causante de tantos duelos, pueda llegar a caminar sobre el agua? La historia contiene, al respecto, interesantes observaciones sobre los sentimientos y resentimientos entre alemanes y judíos, entre alemanes de distintas generaciones, y (con calzador) también algo sobre judíos y palestinos.

Al margen: por enésima vez alguien señala en una película que Argentina fue refugio de nazis, agregando en este caso referencias a «algún acuerdo sucio con el gobierno».

Sobre lo primero, muy cierto, se recomienda ver el documental argentino «Pacto de silencio», rodado en Bariloche y todavía en cartelera. Sobre lo segundo, conviene recordar que el comandante de la Gestapo Klaus Barbie, alias «el carnicero de Lyon», buscado durante décadas por estas tierras... después de la guerra se quedó tranquilamente en Alemania trabajando para la CIA, y no fue el único.

Argentina nunca hizo ni la centésima parte de un acuerdo semejante. ¿Por qué siempre nos echan el fardo solamente a nosotros?

P.S.

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