"Esplendor americano"

Espectáculos

«Esplendor americano» ( American Splendor, EE.UU., 2003, habl. en inglés). Dir.: S. Springer Berman y R. Pulcini. Int.: P. Giamatti, H. Pekar, H. Davis, J. Babner, M. Sweeten.

Muy pocas películas se animaron a intentar llevar el cine el espíritu corrosivo y divertido, pero también deprimente, de los comics undergrounds de mediados de los '70. La más audaz fue el documental «Crumb», que no demoraba mucho en saltearse todo atractivo pintoresco del autor de Fritz el gato y Mr Natural para enfocar de lleno los aspectos más angustiantes de su biografía.

Justamente Rober Crumb, capaz de dedicarle viñetas y viñetas a los más depresivos cables de luz y teléfono que ensucian desde hace décadas sus horizontes suburbanos, se deprimió tanto con «American Splendor» como para abandonar su comic más realista casi como considerándolo un abuso nocivo. Es que a diferencia del gato Fritz o el Bobo Bolinsky, el protagonista de ese comic era un personaje de carne y hueso, Harvey Pekar, un individuo tan patético como para obsesionarse en hacer un comic de su existencia gris, sin saber dibujar nada distinto a un hombrecito conformado por un círculo, un palito y dos patitas. Crumb decidió dibujarlo y dio lo mejor de sí en los primeros años de esta bitácora mucho menos cósmica que la del capitan Kirk, pero finalmente bastante más intensa. Lo contundente de esa historieta era su obsesión por la locura cotidiana, tan escasamente fuera de lo común como para terminar siendo la peor pesadilla. Como bien dice el super perdedor estelar «la vida real puede llegar a ser muy complicada». Sin querer limitarse al documental -incapaz de recrear las experiencias íntimas del singular Harvey Pekar y sus seres queridoslos codirectores de «Esplendor americano» intentaron una mezcla poco rigurosa, que incluye escenas con Paul Giamatti encarnando a este mutante de culto que aparece en el film en forma intermitente (y luce bastante más denso que el mejor actor). También hay cuadritos de comics, obras de teatro sobre el personaje, una banda sonora imperdible, y una oscilación imprevisible entre escenas tan brillantes como creíbles con otras que parecen armadas ex profeso para festivales de cine alternativo. Afortunadamente estas últimas son las menos. El proyecto es tan poco común que concentrarse en sus defectos sería tan desdichado como la vida de Pekar.

D.C.

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