18 de febrero 2003 - 00:00

Exhiben en Londres una amplia retrospectiva de Max Beckmann

Autorretrato de Max Beckmann
Autorretrato de Max Beckmann
En la Tate Modern, de Londres, ese magnífico edificio diseñado por Herzog & De Meuron (Premios Pritzker), inaugurado hace tres años, se presentó el jueves pasado una amplia retrospectiva de Max Beckmann, uno de los más destacados artistas alemanes del siglo XX. La muestra fue organizada juntamente con el Centro Georges Pompidou de París, donde se expuso en el 2002 y el MoMA, Museo de Arte Moderno de Nueva York, que la presentará a mediados de este año. La exposición abarca períodos clave de su carrera artística: 1918-23, es la etapa en la que se refleja el impacto de la Primera Guerra Mundial; 1927-32, son los años en los que obtuvo un importante reconocimiento; y desde fines de los años '30 y los '40, cuando fue incluido en el arte «degenerado», bajo el régimen nazi, es su período más productivo. La muestra llega hasta los últimos tiempos cuando Beckmann vivió en EE.UU., y su pintura alcanzó gran notoriedad.

En 1905, mientras los fauves (que exacerbaban el color) estrenaban en París sus pinturas llameantes, en la ciudad alemana de Dresde, a orillas del Elba, fundaban el grupo Die Brücke (El puente) cuatro estudiantes de arquitectura interesados en la renovación artística: Ernst Ludwig Kirchner, Fritz Bleyl, Erich Heckel y Karl Schmidt-R ottluff. Comenzó así la saga del Expresionismo moderno, ya que podemos rastrear signos precursores en el arte manierista, en Goya, en Géricault, en Daumier. Más cercano en el tiempo se destacan Van Gogh y, sobre fines del XIX, el suizo Ferdinand Hodler, el belga James Ensor y el noruego Edvard Munch.

Los jóvenes pintores de Dresde tenían, además, muchas afinidades con los fauves, no en vano incorporaron en el grupo a Van Dongen, hacia 1908. Por último, se sumaron Emil Nolde y Otto Müller. Pero las obras definitorias de Die Brücke datan de 1910. Si la efusión del color distinguió a los fauvistas, el Expresionismo se caracterizó por la exacerbación del trazo. Al goce de las formas de los pintores franceses, los alemanes opusieron una síntesis esquemática, casi traumática. Subjetivos en grado sumo, pintaron con el alma y -nórdicos al fin-se angustiaron por el mundo. Por eso, su pintura no fue hedonista ni deslumbrante, sino sombría y torturada.

•El jinete azul

Los artistas de Die Brücke se instalaron en Berlín en 1911. Fue entonces cuando surgió en Munich el grupo Der Blaue Reiter (El jinete azul), con los rusos Wassily Kandinsky y Alexei von Jawlensky, los alemanes Franz Marc y August Macke y el suizo Paul Klee, entre otros. Aunque no todos eran expresionistas ni desdeñaban el instinto psicológico a favor de la especulación espiritual y aun el misticismo, el aporte de Der Blaue Reiter, -que cesó como grupo en 1914, barrido por la guerra-, fue muy significativo, no sólo para el arte alemán sino para el de todo Occidente.

Una segunda ola expresionista apareció a mediados de la década del '20 con los pintores de Der Neue Sachlichkeit (La nueva objetividad), entre quienes se destacaron Max Beckmann, Otto Dix, George Grosz y Christian Schad, que llevaron a lo político el abordaje social de sus antecesores de Die Brücke. Este estilo apasionado y visionario, orientado hacia el universo interior del hombre, que fue el Expresionismo, operó también como un agudo instrumento de crítica moral, sobre todo en Alemania, donde los pintores intuyeron el drama de la Guerra del 14 y la barbarie hitlerista de 1933-45.

Bekmann
(1884-1950) nació en Leipzig, y a pesar de la oposición familiar dejó el Liceo y comenzó a estudiar Bellas Artes en la Escuela de Weimar. En 1904 se instaló en Berlín donde vivió diez años. Sus obras presentan una fuerte marca de sus experiencias en las dos guerras mundiales y las turbulencias políticas durante el nazismo: sus personajes plantean los más hondos dramas de la existencia humana. Pintó el mundo que le tocó vivir como un gran escenario donde entrelazó estrechamente su vida y los avatares históricos de su tiempo. «Ahora más que antes de la guerra, necesito permanecer entre la gente. Nuestro lugar es justo aquí. Debemos comprometernos por la miseria que se aproxima. Debemos entregar nuestros corazones a las expresiones de desdicha y desilusión de la gente», afirmó. En 1915 actuó como enfermero en la Primera Guerra, pero afectado por los horrores de la contienda cayó en una depresión nerviosa. Sus Cartas de guerra fueron editadas por Bruno Cassirer en Berlín, en 1916. Al año siguiente realizó algunas de sus obras más importantes como «Cristo y la pecadora», «Adán y Eva» y «Autorretrato con pañuelo rojo».

•Represalias

Después de la guerra, sus obras estuvieron fuertemente vinculadas con el expresionismo alemán. Por ello, sostuvo que no prefería el arte que suscita sentimientos maravillosos sino, por el contrario, el que nos muestra directamente aquello que hay de atroz, vulgar, banal y grotesco en la vida de cada uno. Aunque se interesó por los desarrollos e ideas de sus contemporáneos, Beckmann nunca se vinculó con otros artistas o grupos. En 1933, dos meses después de la toma del poder por Hitler, fue destituido de su cargo como profesor en la Escuela de Arte de Frankfurt.

Realizó su primer tríptico, de una serie de nueve (
«La partida», fuertemente expresionista, y en él reflejó la inestabilidad política de Alemania en esos años y el clima represivo durante el ascenso del nazismo. A fines de los años 30, la persecución política lo llevó a Amsterdam, donde en 1945, el Stedelijk Museum le dedicó una sala a exponer sus obras. «Durante el terrible período en Holanda escribió su esposa Mathilde Beckmann en sus «Memorias»-, una fuente de alivio para Max, fue saber que estaba en la misma ciudad en la que había vivido Rembrandt, a quien consideraba el artista más grande de todos.» En los Estados Unidos, se desempeño en las cátedras de la Escuela de Arte de Saint Louis en la Universidad de Washington, 1947 y de la Escuela de Arte de Brooklyn en Nueva York, en 1949.

Beckman estaba anunciando el final de artistas como
Gustav Klimt, Egon Schiele u Oskar Kokoschka, también de pensadores como Freud o Wittgenstein y músicos como Schönberg. Murió el 27 de diciembre de 1950 cuando se dirigía al Museo Metropolitan de Nueva York, en la Quinta Avenida, a ver la muestra «Pintura americana actual».

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