25 de agosto 2006 - 00:00

Experimento teatral que no invita a huir

Alfredo Martín realiza un verdadero «tour de force» en «Los muertos», obra resultante de una investigación sobre teatro y muerte que no cae en abstracciones ni arbitrariedades y llega a emocionar.
Alfredo Martín realiza un verdadero «tour de force» en «Los muertos», obra resultante de una investigación sobre teatro y muerte que no cae en abstracciones ni arbitrariedades y llega a emocionar.
«Los muertos» de B. Catani y M. Pensotti. Int.: A. Martín, M. Vertiz y N. Kirstein. Dir.: B. Catani y M. Pensotti. Luces: M. Sendón. Esc.: M. Tirante. (El Camarín de las Musas.)

Cada vez que se habla de teatro experimental el público tiende a huir en sentido contrario. Felizmente, no todas las propuestas de este tipo recurren a un lenguaje críptico o a signos arbitrarios para demostrar su originalidad o su búsqueda de algo nuevo. Tal es el caso de «Los muertos», el último espectáculo de Beatriz Catani («Cuerpos abanderados», «Ojos de siervo rumanos», «Perspectiva Siberia») y Mariano Pensotti («Vapor», «La marea») que fue estrenado en el Hebbel Theater de Berlín, en el marco del proyecto Ex Argentina, patrocinado por el Instituto Goethe.

Este espectáculo es producto de una investigación sobre la muerte y sus representaciones en la Argentina y de su posible conexión con el efímero arte teatral. El tema es abordado por dos vías: una ficcional, a cargo de Alfredo Martín, y otra documental, exhibida en video, con comentarios en vivo del actor Matías Vertiz. Se incluyen muchos datos estadísticos y algunos apuntes pintorescos, como el relevamiento arquitectónico de tumbas y mausoleos, y hasta una simpática entrevista a un sepulturero del cementerio de la Chacarita.

Si bien algunas de las comparaciones entre rituales mortuorios y teatrales resultan algo forzadas, el video termina poniendo sobre el tapete varios tabúes argentinos. Pero, lo más sustancial de este espectáculo -y donde radica su principal interés- es en la curiosa reconstrucción escénica que lleva a cabo Martín, en un verdadero tour de force interpretativo. El actor se presenta al público («Mi nombre es Alfredo Martín, soy actor») y, con la emoción a flor de piel, empieza a relatar su «última experiencia con la muerte» (un accidente en el que su hermano casi pierde la vida). A continuación se dedica a reconstruir una antigua puesta en escena de «Los muertos» de James Joyce de la que participó, hace más de 20 años, en su Corrientes natal. Martín ya debutó en este tipo de «reality» con el Biodrama «Los 8 de julio» de Catani y Pensotti, pero aquí el recurso de hacer de sí mismo adquiere una mayor eficacia por el compromiso afectivo que el actor pone de manifiesto. Su intento de dar vida a los personajes de una obra de la que ya no quedan restos resulta conmovedor y remite a la esencia misma del teatro.

«Los muertos» es una propuesta de estructura abierta que sólo exige una cierta disposición a la asociación libre. No esconde mensajes ocultos, ni todo lo que afirma debe ser tomado muy en serio, tal como lo sugiere la incorporación de un traductor en escena (Nikolaus Kirstein) obsesionado en verter al alemán todo los parlamentos de la obra. A cada espectador le corresponderá decidir si entre muerte y teatro hay tantas conexiones como las aquí expuestas, pero al menos podrá acercarse a estos dos temas sin prejuicios ni solemnidades.

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