28 de abril 2006 - 00:00

Fantasmas de Fellini y Cinecittá

Fantasmas de Fellini y Cinecittá
Veintisiete años después de «La dolce vita» Federico Fellini rodó esta película semidramática, semidocumental, a la que muchos juzgaron como un gran ejercicio de crueldad, y otros de egotismo. O, en realidad, de ambas cosas a la vez.

La crueldad, apenas camuflada detrás de la nostalgia, consistía en reunir a Marcello Mastroianni y Anita Ekberg nuevamente, tras su epónima escena en la Fontana di Trevi en el clásico de 1960, uno de los momentos antológicos de toda la historia del cine italiano: si bien el ya avejentado Mastroianni conservaba su «fina estampa», lo mismo no podía decirse de Ekberg, obesa y «felliniana» en el sentido más grotesco del adjetivo.

La escena en cuestión formaba parte de una visita a la residencia real en Roma de la actriz sueca, donde vivía (y aún vive) en soledad y rodeada de perros guardianes. Durante el encuentro entre ambos, del cual también participa el propio Fellini y un abigarrado y no menos grotesco grupo de extras, estudiantes, periodistas y técnicos de cine, en un proyector vuelven a ver entre todos la famosa escena de la fuente.

En verdad, lo mejor de «Entrevista» es todo ese fragmento de la visita amistosa a la casa de la Ekberg, y el resto una auto-mirada, entre reflexiva y sarcástica, de Fellini sobre su propio oficio, sobre el mundo de Cinecittá (el mayor set romano), y sobre su relación con los medios. Si bien ningún admirador del genio de «La strada» podrá ver este film sin emocionarse, hay que reconocer que no sólo está unos cuantos peldaños por debajo del resto de su obra, y que como documental (que no lo es, en rigor) tampoco alcanza la profundidad de trabajos de otros directores sobre el propio Fellini, en los que una mirada ajena pone más al descubierto los entresijos de sus fantasías y de su mundo.

Fellini hizo esta película en conmemoración del cincuentenario de Cinecittá (fundada por Benito Mussolini antes de la guerra), y se valió de varios propósitos argumentales: por un lado, ironizar a la presencia de los japoneses en Europa (el film comienza cuando un equipo de la TV de ese país lo entrevista), luego recrear algunos apuntes de su biografía juvenil, y finalmente, poner nuevamente cara a cara, pecho a pecho a Anita y Marcello. Fantasmas del pasado.

Marcelo Zapata

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