29 de abril 2003 - 00:00

Feria con público, pero sin oferta diferenciada

Feria con público, pero sin oferta diferenciada
La Feria del libro, al promediar su nueva edición, podría llegar fácilmente a la cifra del millón de visitantes (a pesar de los tres pesos de la entrada general); Semana Santa tuvo una notable afluencia de gente, y anteayer, día de la elección, la Feria abrió en su horario habitual pero tuvo menos visitantes que el domingo anterior. El público también está comprando más que en 2002, pero evidentemente pesa el hecho de que la oferta diferenciada que representaron siempre los libros extranjeros es escasa en función del valor del dólar.

Los editores y libreros observan un aumento en las ventas de entre 40 y 50 por ciento con respecto al año pasado, pero menos en cantidad de títulos vendidos.

A la mayoría de la gente les sorprende el costo de los libros importados y los considera fuera de su alcance.

«Quienes conocen los precios internacionales
-considera Marisa Avigliano, de Anagrama, editorial barcelonesa que acaba de lanzar «El libro de las ilusiones» de Paul Auster-saben que están al mismo precio que en los países de origen, pero, claro, para la mayoría son muy caros».

«Si se tiene en cuenta que el aumento del precio de los libros ha sido de aproximadamente 20 por ciento»
-señala Alberto Díaz, de Planeta-«resulta que el crecimiento es de 30 por ciento, lo que convierte a la Feria en mejor que la del año pasado, que no fue tan mala como se pensaba, pero no mejor que las de años anteriores».

Así como hay stands que facturan más, en otros se quejan de que «los bolsillos están más flojos de lo que se esperaba, y ni suelen alcanzar para las ofertas que ofrecemos». Los turistas (chilenos, uruguayos, mexicanos, principalmente) ayudan con sus compras a mejorar la recaudación, «pero este año, a excepción de Semana Santa, se los ve menos», comenta un vendedor en el stand de Dickens. «Todos sabemos la situación que se vive en la Argentina hoy, la Feria no llega a ser una isla apartada del país, pero está bien», afirma Horacio García, de Catálogo.

La concentración editorial y el empobrecimiento de la industria local se manifiesta en la ausencia de algunos stands que se habían vuelto ya tradicionales y la amplitud de otros. Planeta, por caso, tiene ahora a Emecé y pronto tendrá una parte de Paidós, y Sud-americana la línea de Grijalbo Mondadori, o Musimundo, que pasaría a formar parte del Grupo Yenni-El Ateneo.

«La Feria está levemente más chica. Se nota la austeridad, ha habido menor inversión en diseño y realización, aunque siga estando linda como siempre, y como hay algunos locales menos está más amplia y transitable. Hay dos o tres editoriales que tienen stands mucho más grandes, el mejor ejemplo es el de Sud-americana, otros que mantienen su metraje, otros que se han achicado notoriamente y los que faltan»
, comenta Carolina Di Bella de Ediciones B, que tiene todas sus esperanzas puestas en el lanzamiento del segundo tomo de «Argentinos» de Jorge Lanata.

Aunque ahora esté presente un editor japonés, que es algo nuevo, se advierte que se han reducido los locales de las embajadas o los ligados a representaciones extranjeras. Los habituales por lo menos tres stands de libros franceses, ahora son sólo uno.

Para Valeria Añón, de Alfaguara, «hay stands más chicos y menos, el pago del alquiler y la construcción hace de la participación algo carísimo, no es negocio para nadie, pero es una obligación estar». En forma más contundente se expresa Lidia María Riva, de V y R, «lo mejor que puede ocurrir es que los expositores salgan hechos, pero para el público es una adicción anual. Hay una política de los organizadores de la Feria a entregar los lugares de ubicación de los stands por antigüedad del expositor en la Feria, no importa que sean editores, libreros o entidades varias. Nuestra empresa es reciente, nos ofrecían un lugar que no nos permitía esa vidriera que es la Feria, por eso decidimos no estar este año».

• Ausencias

De los stands que faltan, entre otros, se destacan el de la editorial jurídica Heliasta, de Ana María Cabanellas, ex presidenta de la Cámara Argentina del Libro, el del fotógrafo Aldo Sessa, el de la editorial de libros infantiles Suseta, o de V y R, cuyas directivas recibieron el mes pasado en México, por su proyecto editorial, el premio internacional como emprendedoras de la Fundación Endeavor.

Sigue habiendo para el público atractivos en la Feria, más allá del paseo por una mega-librería. Obviamente atrae la presencia de escritores como
Claudio Magris, Paco Ignacio Taibo II, Mario Vargas Llosa, Vázquez Montalbán, tanto en sus charlas como en las largas filas para conseguir firma de ejemplares de sus libros. El premio Nobel José Saramago, si bien viene esta semana a Buenos Aires, al «Cuarto Congreso Latinoamericano de Traducción e interpretación», no pasará por la Feria y ha decidido no dar entrevistas a periodistas, que sólo podrán verlo en la conferencia que el 5 de mayo ofrecerá en el Teatro Colón. Tambien es obvio que se colmen las salas cuando hay shows de la presentación de libros como el de «Mercedes Sosa, La Negra» donde además de la conmovida presencia de la cantante, leyeron fragmentos de la obra Liliana Herrero, y los actores Patricio Contreras y Cristina Banegas, y entonaron canciones de homenaje, entre otros, León Gieco, Julia Zenko y Victor Heredia, o en la siempre multitudinaria asistencia, fundamentalmente juvenil, a los actos de Alejandro Dolina.

«Lo más interesante es que en la mayoría de los locales no hay un libro que sea líder de ventas, se vende de todo un poco, lo que muestra a un público más interesado por la lectura que por seguir una moda o a un determinado bestseller»
, piensa Alberto Díaz, de Planeta.

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