II Festival Buenos Aires Danza Contemporánea. «El umbral». Dirección y coreografía: Ana Deutsch. «Carne y piedra». Idea y dirección: Marta Lanterno. Hotel Presidente Alvear. «Tangos y valses». Dirección y coreografía: Ana María Stekelman. Teatro San Martín.
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Continuó desarrollándose en distintos escenarios el II Festival Buenos Aires Danza Contemporánea, con un equilibrado programa que incluye reposiciones y estrenos. Uno de los aspectos más interesantes de la muestra es la confluencia de trabajos de coreógrafos reconocidos, de una larga trayectoria en el panorama local, como así también obras de realizadores jóvenes, que presentan su segunda o tercera producción.
En el primer grupo hay que ubicar a Ana Deutsch, quien volvió a poner en escena una propuesta que ya es un clásico del ballet contemporáneo, «El umbral». La única intérprete Agustina Sario bailó con una técnica muy sólida, a la que no le faltó una elevada cuota de sensibilidad, los trazados acrobáticos imaginados por la coreógrafa, quien nos remite a una situación límite. Una mujer en estrecha relación emotiva con un marco y una puerta, lo que provoca saltos hacia la altura y la tierra en perfecto equilibrio espacial. Saltar, cruzar el umbral, atreverse, acariciar el pasado y vislumbrar un futuro incierto pero posible. «El umbral» es un bello ballet con músicas como las de Sibelius, Weill y Copland, entre otras, al que Eli Sirlin ilumina bien. Marta Lanterno utiliza un lenguaje personal y no convencional en la construcción de «Carne y piedra». Como pocas veces, el título de la obra aclara las intenciones últimas de esta realización que especula sobre los opuestos de luz y sombra, la blandura de la carne y la dureza de la piedra, lo vital y lo inerte. La idea es el juego de un grupo de mujeres con el espacio, la luz, el color y los objetos. El impecable desarrollo de la obra es consecuencia de la intencionalidad de las bailarinas que colaboran con el estilo austero de Lanterno.
Otro clásico de la danza contemporánea de nuestro medio es «Tangos y valses», de Ana María Stekelman, quien bajo ese título agrupa trabajos anteriores y nuevos en los que combina con despliegue plástico su creatividad para mostrar esas expresiones musicales. Centrada en su peculiar estética para exponer el vals, los tangos de Piazzolla envuelven con fuerza el espacio central. Placidez y arrebato, espíritu flotante y densidad terrena, la compañía Tangokinesis, que dirige la misma Stekelman, tuvo un óptimo desempeño.
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