13 de marzo 2002 - 00:00
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Periodista: ¿Cómo es eso?
P.: ¿Pero acaso él esperaba que el régimen comunista le permitiera hacer una película de clara propaganda cristiana?
M.S.: Se trata del libro polaco más conocido en todo el mundo, aunque pocos sepan que es polaco, y que le valió a su autor, Henry Sienkiewicz, el premio Nobel. Traducido a 49 idiomas, seis veces llevado al cine (la última, en 1985, con Klaus Maria Brandauer como Nerón), gloria nacional...
P.: Y buen paralelo entre los primeros cristianos bajo el imperio romano, y los católicos polacos bajo el comunismo ateo.
M.S.: Por supuesto, los comunistas nunca le dieron el dinero. Pero le autorizaron que lo hiciera en coproducción. Estuvo en tratativas con la MGM, pero justo Polonia entró en estado de sitio, y los norteamericanos se retiraron. Tres veces estuvo a punto, y se frustró.
P.: ¿Y cuando cayó el comunismo?
M.S.: Ahora, por cuestiones de mercado, tampoco se concretaba, y Kawalerowicz ya iba para los 80 (los cumplió en enero). Nosotros éramos amigos. Entonces le dije «Hagámosla nosotros solos». Y en 1999 fundé Chronos Film. Solo así pudimos hacerla.
•Financiación
M.S.: Yo ofrecía la novela, el tema, el director. El resto es el misterio de mi agenda telefónica. Soy hombre de negocios. Y así se fueron sumando interesados. HBO, por ejemplo, puso un millón, sólo por los derechos para Europa Central.
P.: Les salió 18 millones.
P.: Eso, cuente de los leones. ¿Hay partes por computación?
M.S.: Computación sólo usamos para duplicar las graderías del Coliseo. El resto es todo verdad, nada de truco. Cuando el león muerde a la mujer, la muer de de veras, solo que está jugando. Es un león que de bebé dormía en la cama con su domadora. Cinco meses antes del rodaje, ella le enseñó lo que iba a hacer, como un juego.
•Antecedente
P.: Y tanto que impresionan en la pantalla, sobre todo cuando arrancan a la criatura de brazos de...
M.S.: ¡Ni me hable! Yo mismo estaba espantado, y hoy todavía me tapo los ojos en esa escena. Pero Sienkiewicz la describió así, y así la hizo Kawalerowicz. Quería transcribir el libro página por página, y lo logró. Algunos lo critican. Pero él no quería una versión hollywoodense, de esas que abrevian o suprimen partes enteras, o inventan personajes. Por ejemplo, él no apoyó la fuerza dramática en la historia de amor, sino que mostró el drama de esos tiempos, como en el libro, a través de la relación de fuerzas entre Nerón, Petronio y Tigelino, el jefe de los pretorianos. Igual está la historia de amor, y mucho mejor, porque en la versión hollywoodense Deborah Kerr ya tenía como 40 años, y Sienkiewicz la había soñado de 16.
•Belleza
P.: Y ustedes encontraron una de 24, Magdalena Mielcarz, que realmente tiene carita de criatura y un cuerpito de modelo que dan ganas de pelearse con los leones.
M.S.: Somos afortunados.
P.S.: ¿Y cómo está Kawalerowicz?
M.S.: Ahora está mal. Tiene problemas de circulación. Durante el rodaje no lo sintió tanto, por el entusiasmo, y porque le gusta el calor. Cuando las aseguradoras preguntaban si soportaría el clima de Túnez, yo les contestaba: «Es un animal de clima cálido». Todos iban cayendo, y él seguía. Pero él dirige parado, nunca sentado, y eso también lo fue afectando.
P.: Parece que los polacos son fuertes. ¿Es cierto que el Papa vio de un solo tirón toda la película, en su versión integral de 170 minutos?
M.S.: El pasado 30 de agosto, première mundial ante 6.000 espectadores en el aula Paulo VI. El Papa la vio, y en un discurso en dos idiomas nos agradeció por la piedad y la fidelidad que le pusimos. Y destacó algo impresionante: que la première se estaba haciendo en el mismo lugar donde estaban los jardines de Nerón, y fueron martirizados los primeros cristianos. Fue algo emocionante.
P.: ¿Qué piensa hacer ahora?
M.S.: En abril terminamos la versión de «Quo Vadis» en miniserie de seis capítulos para TV. También habrá una versión para cine de 135 minutos. Y luego haremos algo totalmente distinto, quizás una comedia de actualidad. Pero falta para eso. Lo que ahora tengo que hacer, es tomarme unas largas vacaciones. Nunca pensé que esta película me llevaría tantas energías. Pero lo bueno es que la hicimos, y que Kawalerowicz sigue siendo mi amigo. No todos los productores pueden decir lo mismo, al final de un rodaje.




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