Juliette
Binoche, una
de las figuras
más
requeridas y
saludadas en
los primeros
días del
Festival
marplatense.
Mar del Plata - Hace ya diez años que el festival marplatense de cine, casi siempre conducido por peronistas, viene reescribiendo la vieja máxima peronista, que ahora pasó a ser, definitivamente, «La desorganización vence al tiempo». Cualquiera sea la gestión, e incluso cuando estuvo en manos radicales, los primeros días son siempre medio caóticos. Este año las invitaciones para la inauguración se distribuyeron recién una hora antes (y eso que hubo tres de demora, por la huelga aeronáutica), algunas salas tuvieron problemas de sonido, con retrasos de hasta 50 minutos, o problemas de foco (pasando papelón ante la directora del Festival de Annecy, que quería mostrar un material), hubo ínfima difusión de actividades paralelas, material retenido en la Aduana, etc.
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Una lástima, no se sabe en qué parte del viaje desde Inglaterra se rompió la copia de «La noche de la verdad», una película impresionante que venía para la retrospectiva Africa, y donde la directora Fanta Macro recrea, quizá como una especie de catarsis, la muerte de su propio tío militar, capturado, torturado, y luego, todavía vivo, hecho al asador a fuego lento durante toda una noche, por un grupo de rebeldes a los que había ido a proponer reconciliación. Tampoco llegó el productor de esa y otras películas, por un problema de visas.
Después las cosas fueron mejorando, y empezó a lucirse el buen nivel de la programación, aunque muchos periodistas no lograron informar sobre esto, ya que, por un pésimo sistema de reparto de entradas, los enviados de CNN, «Filmverlag», Ciudad Abierta (que además entrega premios), FM La Tribu y otros cuantos medios muchas veces se quedaron afuera, lo mismo que algunos invitados especiales, como el representante del Festival Internacional de Montevideo, organizado por la prestigiosa Cinemateca Uruguaya, o como la joven Analía Castro, que había venido para el homenaje a los 20 años del Oscar a «La historia oficial» (en efecto, finalmente encontraron a la niña de la película, que hoy tiene 24 años y andaba del brazo con Flora Bloise, la más veterana del elenco).
Pero, por primera vez, el acto de inauguración no dio vergüenza ajena, fue bien pensado y resuelto, y hasta tuvo un par de momentos emotivos (lástima que los propios marplatenses no pudieron verlo, ya que, por segundo año consecutivo, «Canal 13» tuvo la exclusividad e impidió la cobertura de los medios locales).
El nivel del material es bueno, sin entrar todavía en detalles. Las secciones «de semillero» son muy interesantes (por ejemplo, la clínica de montaje de Miguel Pérez, director de «La República perdida»), lástima que no haya la multitud de estudiantes becados que había en la época de Julio Mahárbiz. Y las primeras clases maestras fueron ejemplares, tanto la de Krzysztof Zanussi, meduloso, reflexivo, como las de Tim Robbins y Susan Sarandon, hechas al estilo de los programas del Actor's Studio (Ver vinculada). Al momento del cierre comenzaba la clase de Charles McDougall, director de cine hoy transferido a la televisión, donde ha dirigido «Queer as folk», «Sex and the City», el piloto de «Desperate Housewives» y series similares).
Notable, la repercusión de la retrospectiva de José Antonio Martínez Suárez, que empezó con una cola de dos cuadras y una copia flamante de «Dar la cara», mejor todavía que la del estreno, según dijo el propio realizador (el primer mérito de esto es del periodista Guillermo Alamo, que logró convencer a los dueños de los negativos de ese film, y de «El crack», para ponerlos en mejores manos). La calidad de la copia permitió apreciar más, también, la contundente vigencia de la obra.
Emotiva, asimismo, la noche del sábado, con la presentación de la comedia dramática «Como mariposas en la luz», de Diego Yaker, coproducción argentino-catalana (la primera del Proyecto Raíces), con 50% de técnicos marplatenses, y centrada en el drama de la crisis laboral y la emigración de los jóvenes. Según datos, ya hay 50.000 marplatenses en España, muchos de ellos en forma ilegal y a veces hasta con trabajo «esclavo». «Espero que mi hijo no esté pasando lo mismo que el chico de la película», dijo una espectadora al final, micrófono en mano.
En cuanto a la competencia oficial, hasta ahora lo mejor es «El arco», singular historia de amor del coreano Kim Ki-duk, y «El método», de Marcelo Piñeyro, atrapante de comienzo a fin.
También hizo buen papel la peruano-argentina «Chicha tu madre» (algo así como «Villera será tu vieja», comedia de pícaros inocentes del debutante Gianfranco Quattrini, nacido en Lima y criado entre Estados Unidos y la Argentina (aquí comenzó su carrera, con el corto «Alma Zen», de «Historias Breves 2»).
Un taxista que cifra todo en el tarot, un enfermero que organiza y cobra el viaje de peruanos enfermos para hacerse atender en hospitales argentinos (tal cual), una masajista de aquellas, muy dulce, un director técnico argentino bastante chanta, y varios pícaros locales componen la historia, para la cual el protagonista Jesús Aranda debió engordar, aprender tarot, e ir «donde los taxistas toman su caldo de gallina». Para las escenas de burdel, contó en un aparte, bastó con «el recuerdo de cuando me llevó mi padre».
Interesante también, en la competencia, el trabajo colectivo «Perdido y encontrado», de jóvenes de Europa del Este. Menos interesante, la alemana «El viaje de Molly». Más rara que buena, «La salvaje y azul lejanía», de Werner Herzog, que, eso sí, es densa, bella, y terriblemente herzogiana.
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