"Estamos ante una segunda Guerra Fría, esta vez frente al terrorismo internacional", considera Frederick Forsyth, que hace más de un año había sostenido que «la captura de Sadam Husein, por las tropas de Estados Unidos, no demorará mucho. Si hay algo que una superpotencia no puede tolerar es la humillación pública y prolongada». De Frederick Forsyth, autor de «El día del Chacal», «Odessa», «El cuarto protocolo» y «La alternativa del diablo» -entre quince obras que se convirtieron en bestseller, buena parte de ellas llevadas con éxito al cine-se acaba de publicar en español «Vengador», nuevo aporte de este maestro del suspenso a los géneros denominados «thriller político» y «espionaje especulativo».
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El haber adelantado en sus novelas, con mucha anticipación, que Margaret Thatcher iba a acceder al poder o que Rusia invadiría Afganistán no lo lleva, como le planteó un periodista español, a tener «complejo de oráculo» sino a que «me limito ha hacer cálculos que me permiten prever lo que va a suceder». Cuenta al respecto que en 1983, luego que se produjera un atentado en Beirut, en el que un militante de Hezbolá mató a cerca de 300 soldados norteamericanos estrellando un camión cargado de explosivos contra los cuarteles de los Estados Unidos, pensó que «así como se había hecho con un camión, con coches bomba, se podía hacer lo mismo con un barco o con un avión, y estuve a punto de escribir una novela sobre eso, pero se lo dejé para que lo tomara, si se le ocurría, a alguien como Tom Clancy, yo desestimé la idea porque me parecía sencilla de copiar y demasiado peligroso el asunto en manos de un psicópata».
Para el escritor británico se «subestima el cambio mundial que representaron los atentados del 11 de setiembre de 2001, la transformación provocada supera con creces a lo ocurrido con el ataque japonés a Pearl Harbor, porque si allí murieron mil quinientos norteamericanos, en el ataque a las Torres Gemelas se han calculados tres mil muertos, se entiende que esto fuera consideradopor los Estados Unidos como una declaración de guerra».
Si bien tras aquellos atentados declaró que «desde ahora va a ser difícil sorprender a un lector con un thriller, aunque vamos a ver repetidamente como tema en las novelas de suspenso: terrorismo, mafias y tráfico de drogas», ha encontrado en su novela «Vengador» como relacionar a su modo esos temas y, a la vez, desarrollar su posición sobre la actual situación internacional. En «Vengador», Ricky Colenso, un norteamericano de veinte años decide ir a Bosnia a colaborar, y se suma allí como voluntario en la pequeña organización de beneficencia «Panes y peces». Pocos días después es asesinado -ahogado en el excremento líquido de un pozo ciegopor un grupo fundamentalísta. Era el único hijo de un profesor universitario dedicado a las especulaciones matemáticas, que trata de calmar la desesperación de su mujer frente a la falta de noticias de Ricky. La madre de Ricky, entonces, pide a su padre, un multimillonario canadiense, que busque saber algo. El abuelo de Ricky, cuando se entera que de lo que le ha sucedido a su nieto, contrata a Carl Dexter un abogado de 51 años veterano de las fuerzas especiales norteamericanas en Vietnam, que se dedica a solucionar «casos especiales», para que lleve el criminal ante la justicia. Armada con un mecanismo de relojería «Vengador» va pasando de personaje a personaje hasta entrar en la pura acción, y saltando del presente al pasado para revivir episodios de la Segunda Guerra Mundial, de Vietnam y ofrecer un panorama de terrorismo internacional -con sus mercenarios, saqueadores y fanáticos-que considera ha establecido «una segunda Guerra Fría», algo que lo llevó a «terminar la novela el día antes del 11 de setiembre para sumar dramatismo, porque el lector ya sabe lo que sucederá el día después». Hay criticos que han sostenido que «en 'Vengador' el escritor británico convirtió en metafora personal lo que George W. Bush llevo a cabo en Irak».
Piloto de RAF a los 19 años, forjado como escritor en diarios, radios, TV y agencias de noticias, tanto como corresponsal de política como cubriendo guerras como reportero, Forsyth dejó a los 32 años esos trabajos para dedicarse a escribir tomando como base las investigaciones que aprendió como periodista («hay trabajos que nunca abandonan a quien pasó por ellos, el periodismo es uno», suele decir), el resultado fue «Chacal», obra que le dió fama en el mundo. Pocas novelas después -hoy tiene mas de 60 millones de ejemplares vendidos en el mundo de sus quince libros - era millonario, decidió dedicarse a tener una granja con 500 ovejas, y escribir una novela cada tres años «en 45 días febriles». M.S.H.
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