Gauguin: un maestro más allá del mito

Espectáculos

Nacido en Paris el 7 de julio de 1848, de niño Paul Gauguin viaja con sus padres a Perú donde vivían familiares de su madre. En el viaje fallece su padre y durante cuatro años vive en Lima. De regreso en Francia, quiso ser marinero pero duró sólo unos meses embarcado. Su tutor, que era coleccionista de Camille Pisarro, se lo presenta y con él comienza a pintar. Pronto él mismo se convierte en coleccionista de su maestro, de Manet y de Cezanne, ya que ganaba mucho dinero como «especulador» en la bolsa de comercio de Paris.

En esos tiempos de bonanza económica se casa con una dinamarquesa y tiene cinco hijos. Es, en definitiva, un perfecto burgués que, además, tiene la suerte de enviar una pintura impresionista al salón y no ser rechazado por el jurado. Pero, no todo dura una vida: en 1883 se desploma la bolsa y lo único que le queda a Gauguin son sus cuadros y los que coleccionaba.

Abandona a su familia en Copenhague y en medio de una profunda miseria se dedica hasta a pegar carteles en las calles. Viaja a Panamá y trabaja como obrero en la costrucción del Canal. Luego conoce y se enamora de Martinica. Se enferma y vuelve a Paris, donde trata de vender sus pinturas a través de Theo Van Gogh, en lo cual fracasa. Se instala entonces a pintar con Vincent Van Gogh, pero, como se sabe, éste intenta matarlo. Se va a Tahiti, regresa a París sólo para retornar a ese nuevo paraíso, donde pasa la última década de su vida, la más gloriosa para su pintura. Su obra, inspirada en el arte indígena y en los grabados japoneses, es revolucionaria para la época.

Históricamente, las muestras de Paul Gauguin han sido muy pocas. La última se realizó en el Metropolitan de Nueva York en 2002, luego de 40 años sin que su obra sea exhibida en ninguna parte. Así y todo -o por eso mismo- es uno de los preferidos del mercado. Cerca de cuarenta obras suyas se venden todos los años en subastas. Las realizadas sobre papel (lápices, pasteles y aguadas) se venden entre veinte mil y un millón y medio de dólares, sus óleos entre 1 y 35 millones, sus aguafuertes entre 5 y 60 mil y sus esculturas (realizadas en madera y en cerámica, y algunas fundidas luego en bronce) entre 50 y 500 mil.

En nuestro Museo Nacional de Bellas Artes hay dos obras de importancia y de distintos períodos, lo que nos da una buena enseñanza del arte de un creador, que por aquí, influyó tanto en Spilimbergo como en Gomez Cornet, Ernesto Scotti y Mario Mollari.

Dejá tu comentario