5 de diciembre 2003 - 00:00

Godard envejecido, reiterado y vulgar

Bruno Petzulo
Bruno Petzulo
«Elogio del amor» («Eloge de l'amour», Francia-Suiza, 2001; habl. en francés). Dir.: J.-L. Godard. Int.: B. Putzulu, C. Camp, J. Davy y otros.

"Nunca pensamos en lo que vemos" dice el director de cine Edgar, protagonista de esta última melancolía godardiana. Y da un ejemplo: «Cuando miramos un paisaje nuevo no pensamos en él sino que lo comparamos mentalmente con otros paisajes que ya conocemos. De modo que nunca conocemos lo nuevo sino que no dejamos en pensar en lo ya conocido».

La frase, como la mayoría de las que se oyen en el film, está dicha con tal gravedad que hasta parece profunda y original (¿cómo hicimos entonces para conocer esos viejos paisajes si seguramente, al verlos, estábamos pensando en otros anteriores a ellos?, se preguntará el espectador).

Sin embargo, la frase es útil para enfrentar «Elogio del amor»: cuando uno la ve difícilmente piense mucho en ella sino que es más fácil dejar divagar la mente por otras viejas películas de Godard, tan iguales entre sí; recordar otros tiempos, aquel candor intelectual que era imprescindible para tomarse más o menos en serio su cine. La experiencia no siempre puede resultar estimulante: es como el canal Volver de la pedantería sesentista, tolerablemente divertido sólo si se lo ve con humor.

•Vetusto

Godard está viejo y se le nota. Su cine está incurablemente sepultado en las Historias del cine, como de las que él mismo se propone dar cuenta. Viejo, reiterativo, y, lo que es peor, vulgar: sus críticas a Hollywood, a Spielberg, a « Titanic» o a otros recientes éxitos (filma el frente de un cine donde proyectan «Pickpocket» de Bresson y «Matrix»: ¿será que cuando uno ve «Matrix» piensa en «Pickpocket»?) son ramplones y obvios. Ese es el riesgo de pensar en otra cosa: por ejemplo, en la escena de «La chinoise» donde a la muchacha la castigaban los maoístas mandándola a tomar sola el café con leche a la cocina. ¿Dónde quedó aquel humor?

«Elogio del amor»
está dividida en dos partes asimétricas: una primera hora en blanco y negro y una segunda media hora en color saturado. En la primera, Edgar quiere hacer hablar a la Historia a través del amor; en la segunda, cronológicamente anterior, parecería lo contrario: que hable el amor a través de la Historia, con el retrato de una familia de ex resistentes al nazismo a la que malévolos empresarios de Spielberg quieren comprarle su drama. En total, la película dura una eternidad, casi 97 minutos, que dan mucha libertad para pensar en otras cosas.

Como ocurría con un film anterior de Claire Denis, «Elogio del amor» no puede considerarse técnicamente un estreno. Se proyecta únicamente en el hotel Elevage en DVD.

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