Gordillo: del Noroeste al mundo

Espectáculos

"Sería muy feliz si con esta serie de conciertos que estamos hacindo en Buenos Aires logramos un par de objetivos, que nada tienen que ver con la compasión hacia la música indígena. El primero, mostrar que estos jóvenes, los hermanos Tolaba, están difundiendo la música y la cultura de sus abuelos, y que si hubieran elegido otro rumbo -como por ejemplo, instalarse en la Capital- hoy estarían masacrados por la globalización. El otro objetivo es dejar bien claro que no somos mejores ni peores; simplemente somos distintos en los conceptos culturales".

Quien así habla es Tukuta Gordillo, un músico oriundo de Maimará, habitante de Tilcara, hijo de padres bolivianos, que recorrió el mundo con artistas como Ariel Ramírez, Jaime Torres o José Carreras. Durante dos meses, con funciones en viernes y sábados, está presentando su espectáculo «Quebrada de Humahuaca. 10000 años de emociones» en el Centro Cultural Borges.

«Como dijo Daniel Barenboim» -agrega- «contra lo que hay que luchar no es ni contra la pobreza ni contra la discriminación sino contra la ignorancia. Como decía Yupanqui, nadie puede amar lo que no que no conoce; y eso es lo que nos mueve a tocar en Buenos Aires».

Periodista: ¿Hay una única música del noroeste?

Tukuta Gordillo: No. Me gusta contar lo que sucede con esa música pensándola como tres paisajes diferentes: el primero es la música folklórica, que tiene una historia de unos 200 años y que ha explotado en todo el país a partir de la difusión de los medios. Hay un segundo, que podríamos llamar «tradicional», que se remonta a unos 500 años, en el que se ha mezclado lo español con lo indígena, con las coplas y las vidalas cantadas en castellano. Y un tercero, que es la música indígena, que lleva 10.000 años de historia y cuya principal fuente está en los museos y en las referencias orales que se han ido trasladando de generación en generación. Son una cultura y una música que no apuntan al espectáculo porque las encontramos en las fiestas populares, y quienes las viven no las sienten como algo «ancestral» sino que forman parte de su presente. Ese es el paisaje sobre el que nos gusta trabajar, porque es el menos conocido.

P.: ¿Pero continúa efectivamente la discriminación hacia la música del noroeste?

T.G.: Insisto con que tenemos que atacar a la ignorancia. No se necesita que nadie salve a los pueblos originarios; sólo hace falta que se los reconozca con sus diferencias, con su humildad, que es diferente de pobreza, con su música, con su cultura, con sus criterios de comunidad y de colectividad, con sus formas de tocar y de cantar.

P: ¿Esto significa discutir el concepto de «exotismo»?

T.G.: Claro. Eso de lo «exótico», o de «world music», son definiciones que inventa Occidente, porque resulta extraño al oído y a la mirada urbanos. Para quien lo vive cotidianamente, no tiene nada de exótico.

P: Concretamente, ¿en qué consiste esta propuesta que trajeron a Buenos Aires?

T.G.: Estamos con mi hijo Lucas y con los hermanos Tolaba. Pasamos por lo indígena y lo folklórico. Mostramos todas las enormes posibilidades que tienen nuestros instrumentos -la quena, el situ, el erke-. Y tenemos una buena cantidad de amigos que nos van a visitar en diferentes fines de semana, como Rodolfo Ruiz, Colacho Brizuela, Raúl Olarte, Mariana Baraj, Suna Rocha, Antonio Tarragó Ros, Pity Alvarez y Gastón Pauls.

Entrevista de Ricardo Salton

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