20 de octubre 2006 - 00:00

Gran cierre del Mozarteum

Les Musiciens du Louvre-Grenoble. Dir.: M. Minkowski. En programa, obras de Mozart ( Teatro Colón, 16 de octubre.)

El Mozarteum Argentino cerró brillantemente su temporada 2006 en el Teatro Colón con la presentación de una de las orquestas europeas de mayor prestigio de los últimos tiempos: «Les Musiciens du Louvre-Grenoble», que dirige el músico francés Marc Minkowski. Fundada en 1982, en París, la agrupación nació con la intención de renovar los códigos interpretativos de la música del Barroco, pero la investigación se fue extendiendo a otros períodos y a autores disímiles.

Ultimamente los proyectos de orquesta y director incluyen la realización de obras de Jacques Offenbach, para que se aprecie la diversidad de la elección.

«Les Musiciens du Louvre» tomó ese nombre por la cercanía de la casa que habitaba Minkowski con el famoso museo. Luego, a partir de 1996, se funde con la Orquesta de Cámara de Grenoble, que pasaba por un mal momento, evitando su desaparición. De esta fusión surgió «Les Musiciens du Louvre-Grenoble».

Los conciertos realizados en el Colón se dedicaron en su integridad a un Mozart que dista bastante de lo adocenado de muchas interpretaciones contemporáneas y aún de orquestas prestigiosas de los Estados Unidos y Europa.

Lo cierto es que tanto la sinfonía 40, en Sol menor, KV 550 como la 41, en Do mayor, «Júpiter», KV. 551 que se oyeron en ambos programas fueron un modelo de originalidad y de vitalidad. Se podría calificar el toque de la orquesta como de «estilo Minkowski», algo que se percibe también en el aspecto visual de los músicos: genuinamente «décontracté».

Hay una intención de desmitificar la sonoridad mozartiana, oponiendo a la habitual solemnidad y elegancia muchas veces de aire palaciego, con una actitud rotunda, casi de rusticidad, de fuerza, de potencia plena y contundente. Cada uno de los cuatro movimientos tuvo su dinámica contrastante y el sonido orquestal nunca perdió prestancia ni elegancia, aunque se haya podido detectar alguna «pifia» en los vientos, tan leve como olvidable.

El programa también incluía el Ballet final de «Idomeneo», KV. 367, fragmento caro a la personalidad múltiple de Minkowski, que asimismo ha investigado la ópera de los períodos barroco y clásico no sólo desde los aspectos específicamente musicales sino también los teatrales. Sin moverse del Clasicismo, los bises fueron dos movimientos de Haydn: uno de la sinfonía 101 y otro de la del «Reloj», otro motivo para asombrase con la capacidad, la libertad expresiva y la personalidad subyugante de este director francés que hace de su orquesta un instrumento dócil y maleable de sus ideas acerca de la creación sinfónica y la manera de abordarla.

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