19 de abril 2004 - 00:00
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Maximiliano Guerra
Periodista: Bailar en teatros alternativos y no en el Colón, como sería lo natural para un artista de su prestigio, ¿es una elección voluntaria u obligada?
Maximiliano Guerra: El Colón no me convoca y yo no quiero ir a pedir que me dejen bailar ahí. Es al ámbito más adecuado para hacer danza clásica. El escenario con su amplitud y la calidad de su técnica son esenciales para que el ballet se desarrolle en plenitud. Por supuesto que «Paquita» se vería mucho mejor en el Colón que en el Opera, donde voy a bailar, pero, si el Colón no me llama...
P.: Me imagino que a esta altura eso no le significa una gran preocupación.
M.G.: En absoluto. Cumplo 21 años de carrera y mi vida personal está en paz. Me compré una casa con pileta y parrilla donde hago asados para mis amigos, y disfruto de mis dos hijas, una de diez años y otra de diez meses. Estoy muy bien. En cuanto a lo profesional, quiero hacer esto que hago y con quiénes hacerlo. Cuando pensé en los contenidos que debería tener el espectáculo, se me cruzaron determinadas imágenes y me pregunté qué pasa con mi familia, de mi felicidad con ella, qué sucede con mis amigos y también con el dolor de la sociedad en que vivo y surgió esto. De ahí que este espectáculo sea un vuelo en libertad en el que todo el mundo pueda disfrutar, que haya una convivencia entre el goce del público y del artista sobre el escenario. En última instancia es el espectador el que me da la libertad para crear lo que él necesita.
P.: ¿Es muy personal entonces el espectáculo?
M.G.: No es individual, de ninguna manera. Existe una idea motora, también una música que despierta en mí determinados comportamientos e imágenes, pero al proponerles a mis bailarines algunos movimientos y actitudes, ellos crean a su vez. De ahí surgen las imágenes argumentales. Incluso, si alguno se cae en una elaboración de la propuesta, si me gusta lo incorporo al ballet como algo sistemático. De esta manera todo resulta más fluido y ponemos en práctica ese sentido de libertad en la creación que muchas veces muestran los bailarines. Así se explotan las posibilidades técnicas y anímicas de ellos mismos.
P.: ¿Qué significa la palabra 'retiro' para usted?
M.G.: Tengo muchas ganas de seguir con mi arte, con la danza, que para mí es vital, y creo que va a ser la vida precisamente la que me diga hasta dónde puedo continuar. Siento que no ha llegado aún la hora de terminar. Como coreógrafo tengo menos experiencia que como bailarín, pero creo en mi sensibilidad estética.
P.: ¿Su físico se adapta a sus actuales necesidades?
M.G.: Me siento totalmentepleno. Aunque también tengo conciencia de qué cosas que me pueden doler y cuáles no. Ese conocimiento es una ventaja a mi favor.
P.: ¿Tiene prevista una gira por el interior como todos los años?
M.G.: En mayo y junio vuelvo a realizar mi gira anual junto al ballet del Mercosur.Va a ser una tournée discontinua , pero vamos a abarcar casi todo el país.
M.G.: Tengo que volver a Italia para hacer una presentación con el Ballet de La Scala de Milán en la apertura de los Juegos Olímpicos de Atenas y luego posiblemente a España. También hay previsto una serie de presentaciones con el ballet del Mercosur en China.
P.: ¿Qué le queda aún por hacer?
M.G.: Hay algo en el tinteroque es «Otello». Le pedí a John Neumeier y a Mauricio Wainrot que hicieran una versión para nosotros, pero aún no se ha podido concretar. Cuando sea el momento, aparecerá.
Entrevista de Eduardo Vincent



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