Orchestra Filarmónica Giovanile del Conservatorio «Giuseppe Verdi» de Milán. Director: Gerardo Bizzarro. Solistas: Giorgio Casati (violoncello), Elena Bakanova (soprano), Raluca Pescaru (mezzo) y María Massimini (órgano). Obras de: Carl P. E. Bach, Giovanni B. Pergolesi. (Teatro Coliseo, a benef. de FUNI).
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La Embajada de Italia y el Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires suelen traer al país figuras de la cultura y artistas francamente interesantes, pero lo avisan un día antes, a lo sumo dos, entonces sus presentaciones son deslucidas y sin el apoyo que merecen.
Por caso, anduvo por Buenos Aires y Córdoba la gran diva de la ópera Katia Ricciarelli, la recordada Desdémona del «Otello» de Zefirelli con Plácido Domingo en el papel principal. Cantó un domingo a las cuatro de la tarde y fue un hecho que no pudo trascender.
A la semana, y también con un aviso de un día anterior, se anuncia un concierto de esta orquesta compuesta por los mejores y más avanzados alumnos del Conservatorio Verdi de Milán, que actuaron en un teatro semivacío y a beneficio de la Asociación para el Futuro del Niño. Triste futuro les espera si es por esta recaudación.
Para ajustarnos a lo artístico, la orquesta está compuesta por cuerdas, son de una perfecta afinación y ajuste y tocan con rigor y entusiasmo de profesionales. Parece que a estos jóvenes músicos los cuidan, porque tanto la organista como el contrabajista tenían sus propios volteadores de páginas.
Conocimos al violoncellista Giorgio Casati, poseedor de un auténtico talento y fina musicalidad, como solista del Concierto de uno de los hijos de Johann Sebastián Bach, Carl Philippe Emanuel Bach, por lo tanto representante del primer clasicismo y con un brío juvenil que tanto solista como orquesta interpretaron satisfactoriamente.
•Expresivo
El director Gerardo Bizarro se prodiga en ricas gestualidades, a veces hasta habla o patea el podio, pero todo es válido a la vista de los resultados.
Luego abordaron los doce números del «Stabat Mater» de Pergolesi, con el órgano poniendo el acento litúrgico y dos estupendas solistas vocales.
La soprano rusa Elena Bakanova con su voz muy bien timbrada y clara dicción del latín hizo una destacada labor. No menos meritoria es la mezzo rumana Raluca Pescaru, con un centro grave muy atractivo y honda expresividad. Entre ambas y los músicos honraron dignamente la partitura.
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