29 de septiembre 2006 - 00:00
"Hablar de vanguardia es falso e hipócrita"
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Mikis
Theodorakis,
el mayor
compositor
griego vivo.
Su orquesta
debuta
mañana en el
país.
P.: ¿Cuál es el método de selección para formar parte de su orquesta?
M.T.: Criterio básico, como en cada una de las buenas orquestas, es el valor y la calidad de los músicos. También existe el elemento de la renovación permanente con nueva sangre. Con especial alegría y orgullo, veo participando a mi nieto Stéfanos en la batería de la obra «Canto General» para esta gira. Ha hecho importantes estudios y naturalmente ganó mi aprobación en los ensayos que se realizaron. Y aquí debo mencionar que mi hija Margarita fue, desde un principio, el alma de la orquesta. También ella tuvo la idea de acompañar la música con videoclips especiales, que dirige ella misma. En conclusión, puedo no estar presente, pero ya dos miembros de mi familia me representan.
P.: ¿Por qué no estará en Buenos Aires acompañando a la orquesta?
M.T.: Lamentablemente, pasó para mí irrevocablemente la época en que dirigía yo mismo mi música en los cuatro continentes, en los que realicé en total 2000 conciertos. Mi edad ya no me permite revivir aquellas emociones.
P.: ¿Con qué parte de su obra se siente mejor representado?
M.T.: Hace un tiempo, con la sinfónica de Montevideo se ejecutaron dos obras mías de música sinfónica: siete partes del «Canto General» para coro y orquesta sinfónica y la suite ballet «Los Amantes de Teruel». Mis obras para orquesta sinfónica, ballet, operas, cantatas, oratorios, música de sala, superan las 100. Los 77 ciclos de canciones conforman solamente una parte del conjunto de mi creación musical. Yo fui al mismo tiempo creador de canciones y sinfonista. Respondiendo a su pregunta, considero como la cima de mi obra musical las cuatro operas: «Medea», «Electra», «Antígona» y «Lisitrata», que circulan desde hace muchos años internacionalmente y que espero que puedan escuchar alguna vez.
P.: ¿Qué lo ha llevado a relacionar al cine una parte tan importante de su obra?
M.T.: Para un compositor contemporáneo, la única profesión que deja ganancia es la música para el cine. Para mí por lo menos fue la principal base económica sobre la que pude sostener a mi familia. Existen también los porcentajes de las ejecuciones de mis obras, y principalmente por la venta de mis discos. Pero debe haber un gran número de ventas de discos para poder vivir dignamente. El cine, además, es algo que me gusta mucho; y basta con que uno tenga la suerte que tuve yo de trabajar con grandes directores.
P.: Volviendo a la música. ¿En qué está trabajando últimamente?
M.T.: Las condiciones difíciles en las cuales fui obligado a vivir no me impidieron crear una obra musical de dimensiones muy grandes, que en este momento se está terminando de digitalizar en el archivo musical de la Biblioteca Buduri del Palacio de la Música de Atenas; así, a partir del año que viene, va a estar disponible internacionalmente. En lo personal, por esta época me ocupo principalmente de mi conjunto musical. Hace tres años atrás concluí mi cuarta ópera, «Lisístrata», y a continuación compuse dos nuevos ciclos de canciones: el 77º que circula ya, y ahora estoy trabajando en el 78º, la «Odisea», que se encuentra en la etapa de aplicación a la orquesta.
P.: ¿Se siente un compositor de vanguardia o prefiere que se lo relacione con los lenguajes más populares?
M.T.: Nunca creí en el termino «avantgarde», porque lo considero falso e hipócrita. ¿A qué se refieren cuando hablan de vanguardias? Además, atrincherados alrededor de este término, tal vez revolucionario en su concepción inicial, se juntaron todos aquellos que consideran el arte en general y a la música en particular como un campo de «fabricantes» y no de «generadores». Porque arte significa génesis. Sin embargo, para eso no alcanzan los conocimientos. Y sólo algunos nacen con la posibilidad de parir obras de arte.
Entrevista de Ricardo Salton



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