"Hablar de vanguardia es falso e hipócrita"

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A los 81 años y aún en actividad, Mikis Theodorakis es una de las figuras más importantes que ha dado la música en el siglo XX. Compositor prolífico en los más diversos géneros -música sinfónica, ballet, canciones, ópera, teatro-, musicalizador de muchas películas emblemáticas -«Z», «Zorba el griego», «Sérpico», «Estado de sitio», «Ifigenia», etc.-, Theodorakis ha jugado toda su vida, simultáneamente, en los terrenos del arte y de la política.

En 1977, formó su Orquesta Popular que se presentará este fin de semana en el teatro Coliseo. Su avanzada edad no le permite ya ponerse al frente ni viajar para acompañarla. De todos modos, dialogó con este diario horas antes del debut.

Periodista: ¿Qué lo llevó a armar una orquestacon su nombre?

Mikis Theodorakis: La iniciativa de la creación de la Orquesta no fue mía sino de los mismos músicos, quienes me rogaron darles mi nombre. Muchos son viejos colaboradores, y ante todo dignos músicos; así que finalmente me puse de acuerdo con ellos. Pero existió y existe siempre también un motivo importante y es que mis canciones son muchas, los griegos siguen amándolas, y necesitábamos una forma de presentarlas en los conciertos.

P.: ¿Cómo caracterizaría su música?

M.T.: Tiene sus raíces en nuestra música popular y ante todo en la tradición bizantina. Sin embargo, mis canciones tienen dos elementos diferentes. Primero, se basan en textos de los más importantes poetas griegos, y algunos extranjeros como Pablo Neruda, y segundo, algunas tienen elementos de la música sinfónica, por ejemplo en los oratorios populares. Así, para lo más popular utilizo instrumentos tradicionales como el buzuki, mientras que para lo más «clásico», uso el piano clásico, el oboe, el cello. Los instrumentos restantes, claro, son comunes para ambos estilos.

P.:
¿Cuál es el método de selección para formar parte de su orquesta?

M.T.: Criterio básico, como en cada una de las buenas orquestas, es el valor y la calidad de los músicos. También existe el elemento de la renovación permanente con nueva sangre. Con especial alegría y orgullo, veo participando a mi nieto Stéfanos en la batería de la obra «Canto General» para esta gira. Ha hecho importantes estudios y naturalmente ganó mi aprobación en los ensayos que se realizaron. Y aquí debo mencionar que mi hija Margarita fue, desde un principio, el alma de la orquesta. También ella tuvo la idea de acompañar la música con videoclips especiales, que dirige ella misma. En conclusión, puedo no estar presente, pero ya dos miembros de mi familia me representan.

P.: ¿Por qué no estará en Buenos Aires acompañando a la orquesta?

M.T.: Lamentablemente, pasó para mí irrevocablemente la época en que dirigía yo mismo mi música en los cuatro continentes, en los que realicé en total 2000 conciertos. Mi edad ya no me permite revivir aquellas emociones.

P.: ¿Con qué parte de su obra se siente mejor representado?

M.T.: Hace un tiempo, con la sinfónica de Montevideo se ejecutaron dos obras mías de música sinfónica: siete partes del «Canto General» para coro y orquesta sinfónica y la suite ballet «Los Amantes de Teruel». Mis obras para orquesta sinfónica, ballet, operas, cantatas, oratorios, música de sala, superan las 100. Los 77 ciclos de canciones conforman solamente una parte del conjunto de mi creación musical. Yo fui al mismo tiempo creador de canciones y sinfonista. Respondiendo a su pregunta, considero como la cima de mi obra musical las cuatro operas: «Medea», «Electra», «Antígona» y «Lisitrata», que circulan desde hace muchos años internacionalmente y que espero que puedan escuchar alguna vez.

P.: ¿Qué lo ha llevado a relacionar al cine una parte tan importante de su obra?

M.T.: Para un compositor contemporáneo, la única profesión que deja ganancia es la música para el cine. Para mí por lo menos fue la principal base económica sobre la que pude sostener a mi familia. Existen también los porcentajes de las ejecuciones de mis obras, y principalmente por la venta de mis discos. Pero debe haber un gran número de ventas de discos para poder vivir dignamente. El cine, además, es algo que me gusta mucho; y basta con que uno tenga la suerte que tuve yo de trabajar con grandes directores.

P.: Volviendo a la música. ¿En qué está trabajando últimamente?

M.T.: Las condiciones difíciles en las cuales fui obligado a vivir no me impidieron crear una obra musical de dimensiones muy grandes, que en este momento se está terminando de digitalizar en el archivo musical de la Biblioteca Buduri del Palacio de la Música de Atenas; así, a partir del año que viene, va a estar disponible internacionalmente. En lo personal, por esta época me ocupo principalmente de mi conjunto musical. Hace tres años atrás concluí mi cuarta ópera, «Lisístrata», y a continuación compuse dos nuevos ciclos de canciones: el 77º que circula ya, y ahora estoy trabajando en el 78º, la «Odisea», que se encuentra en la etapa de aplicación a la orquesta.

P.: ¿Se siente un compositor de vanguardia o prefiere que se lo relacione con los lenguajes más populares?

M.T.: Nunca creí en el termino «avantgarde», porque lo considero falso e hipócrita. ¿A qué se refieren cuando hablan de vanguardias? Además, atrincherados alrededor de este término, tal vez revolucionario en su concepción inicial, se juntaron todos aquellos que consideran el arte en general y a la música en particular como un campo de «fabricantes» y no de «generadores». Porque arte significa génesis. Sin embargo, para eso no alcanzan los conocimientos. Y sólo algunos nacen con la posibilidad de parir obras de arte.

Entrevista de Ricardo Salton

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