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9 de agosto 2007 - 00:00

"Hairspray": un insulso musical

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John Travolta se divierte (y muestra su gran capacidad de ridículo) en el papel que tuvo el travesti obeso Divine en entretenida sátira de John Waters que este film no logra emular.
«Hairspray» (EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir.: A. Shankman. Guión: L. Dixon, basado en J. Waters, M. O'Donnell y T. Meehan. Int.: N. Blonsky, J. Travolta, M. Pfeiffer, Ch. Walken, J. Marsden, A. Bynes, J. Stiller, Q. Lafitah, A. Janney, B. Snow, Z. Efron.

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Síntesis inicial: ésta es la insulsa versión cinematográfica de una comedia musical basada en una sátira de 1988, que, aún siendo mala, era más entretenida. El tema: la lucha por la integración de una joven obesa y varios afroamericanos en un programa televisivo tipo «Alta tensión», en la Baltimore de 1962, cuando John Waters era un niño atraído por la subcultura pop y la incultura de blancos y negros, que, pese a los esfuerzos de John F. Kennedy, no se juntaban ni en la televisión blanco y negro.

En 1988, recordando humorísticamente esa época, Waters hizo una comedia familiar (en fin, lo que él entiende por come-dia familiar), «Hairspray», donde la gordita logra ser la estrella del mencionado programa, cuyo joven conductor le da al trago entre bloque y bloque (entre otras cosas). El asunto es que la chica no sólo alcanza «fama, fortuna, glamour y amor», como ella misma enumera, y se siente «grande, rubia y hermosa», sino que también participa de la lucha de sus amigos negros por bailar en ese mismo programa todos los días, y no sólo una vez por mes (el Día del Negro). Por supuesto, imponen la integración a todo ritmo.

Hasta ahí, el «Hairspray» original, malo pero divertido y con apuntes sarcásticos bastante sabrosos, que la comedia musical que ahora vemos ha tenido a bien suprimir.

Faltan, por ejemplo, la histérica expedición de una vieja prejuiciosa por el barrio negro, buscando a su hija, que lo está pasando muy bien, la noche de amor en el suburbio, con rata incluida (y con un blues a cargo de Toussaint McCall), la pareja de beatniks desquiciados (ella interpretada por Pia Zadora), la pelea en el parque de diversiones entre blancos racistas con carteles «Vuelvan al Africa» y negros y monjas bicolores con carteles de amor, los twist de Chubby Checker, el lío con el gobernador, la doble actuación de Divine, el travesti obeso, como madre de la gordita y jefe de policía bien reaccionario, etcétera.

En vez de eso, hay, simplemente, media hora más llena de canciones y bailes poco recordables, todo alargado y medio pasteurizado, una sola línea debidamente irónica («En nuestro barrio, todos los días son El Día del Negro»), y un poquito de emoción en un concurso final, emoción que se diluye porque siguen cantando y bailando como diez minutos más, encima a nivel de fiesta de fin de curso. Bueno, también emociona un poco verla a Michelle Pfeiffer ya madurita dando batalla en un rol secundario, pero eso es otra cosa. En fin, la protagonista Nikki Blansky es muy simpática, el veterano Jerry Stiller, que era el padre de la criatura en 1988, aquí es su sponsor, Christopher Walken da lástima, como siempre desde que se hizo la cirugía, y John Travolta, haciendo de madre gorda, se divierte. Solo para pasar el rato, y apreciar de paso la capacidad de ridículo de Travolta.

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