«Cabeza de Tigre» (Argentina, 2001, habl. en español.) Dir.: C. Etcheberry. Guión: C. Etcheberry, J.B. Stagnaro. Int.: D. De Santo, H. Alterio, P. Cedrón, M. Galán.
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Por lo general, los descendientes de algún prócer siempre hablan bien de su antepasado, y hasta lo veneran y difunden sus méritos. Claudio Etcheberry, que debuta como realizador con esta película sobre el fusilamiento del virrey Santiago Liniers, es descendiente directo de Domingo French. Pero también es un hombre ecuánime. El busca la verdad. ¿Qué pasó por la mente de los hombres de Mayo en los meses siguientes a la Revolución? Libre, el virrey Cisneros estaba tramando un reposicionamiento. En secreto, el propio Cabildo acataba la autoridad del Consejo de Regencia.
Y el mayor héroe popular, el virrey Liniers, conde de Buenos Aires, estaba organizando un pequeño ejército en Córdoba, con otro héroe de la Reconquista, el gobernador Gutiérrez de la Concha. Y bien pudo decirles más tarde a los porteños, como se escucha en este film: «¿Pero quién les dijo que esto que llaman revolución puede interesarle al común de la gente?». El problema es que al común tampoco le interesaba la contrarrevolución, así que, sin suficiente sustento, el héroe y sus pocos aliados fieles terminaron prisioneros del nuevo gobierno.
Y en ese gobierno había quienes querían hacer tronar el escarmiento, una frase que se usaría mucho después, pero que ya empezaba a aplicarse en esos años, casi siempre para mal de todos. Con pocos medios, pero bien usados, con unos actores que logran esquivar el bronce y el cartón pintado de las películas de época (sobresaliente Héctor Alterio, por supuesto) y con unos diálogos bien actuales, Etcheberry plantea en esta obra unas cuantas verdades e ironías de nuestros comienzos como nación.
Resentimientos, temores, mezquindades y componendas surgen aquí en las palabras y los actos de Mariano Moreno y sus seguidores, en tanto el viejo servidor de España los trata de cipayos, y advierte: «Los que hoy se dicen patriotas, mañana serán empleados de bancos ingleses». En este caso, las expresiones modernas, como «Ustedes no existen», no constituyen un error, sino una licencia imprescindible para que el público de hoy pueda acercarse a esos hombres de ayer, y a sus dolores.
Castelli, «la mente más jacobina de la Revolución», según han dicho algunos historiadores, debe fusilar al hombre que antes admiraba. Sus hombres lo miran, la patria lo espera. O no (en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando, Cádiz, una placa de homenaje a Liniers y Gutiérrez dice simplemente: «Los últimos héroes de la Patria Vieja fueron las primeras víctimas de la Patria Nueva. Homenaje de la Marina de Guerra Argentina. 26 de agosto de 1960»). Formalmente, una película ideal para ver y discutir en estos días.
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