7 de mayo 2001 - 00:00

"Hoy los gauchos llevan el celular donde iba el facón"

Hugo Midón.
Hugo Midón.
(07/05/2001) Hugo Midón estrenó «Huesito Caracú. El remolino de las pampas», un musical que él mismo define como «apto para grandes y chicos», a partir de varios elementos del teatro gauchesco, y en el que busca reflejar una muy fuerte relación con la naturaleza. La pieza, que se está viendo en la Sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza, tiene música de Carlos Gianni, coreografía de Doris Petroni, vestuario de Renata Schussheim, escenografía de Alberto Negrín y diseño de luces de Roberto Traferri. El elenco está integrado por Gustavo Monje, Diego Reinhold, Florencia Aragón, Laura Silva, Daniel Zaballa, Marcelo Albamonte, Nicolás Villamil y Gustavo Alvarez.

Periodista: No hay muchos autores que se interesen por el género gauchesco. ¿Qué lo impulsó a escribir esta obra?

Hugo Midón: Esta es la segunda vez que trabajo en una obra de este género. Hace muchos años, al comienzo de mi carrera, hice «El herrero y el diablo», una adaptación del cuento de Güiraldes. Pero de tanto en tanto se hacen cosas para chicos. Ariel Buffano hizo «El gran circo criollo» con su grupo de titiriteros y Claudio Gallardou (el director de La Banda de la Risa) hizo el «Martín Fierro» y también una versión del «Fausto criollo». No estaba en mis planes meterme con lo gauchesco pero por esas cosas que tiene la vida fui entrando en contacto con el ambiente del campo.

Ambiente

P.: ¿Qué fue lo que más lo impresionó de ese ambiente?

H.M.: Yo me crié en la ciudad pero últimamente tengo un pedazo de tierra en Mercedes. Fue ahí donde empecé a percibir el ambiente sonoro del campo, que tiene una presencia muy fuerte. Lo mismo que los cielos, que cambian a cada instante. Me pareció que esos dos elementos pueden resumir lo que pasa cuando no pasa nada. Porque ese diálogo con la naturaleza y con los fenómenos meteorológicos siempre está muy activo, no se termina nunca. También hay otras cuestiones más esotéricas como el fenómeno de la luz mala o el contacto con los ovnis.

P.: ¿Con ovnis?

H.M.:
Sí, en el campo todo el mundo te dice que vio ovnis o que «a tal señora la llevaron a dar un paseo y después la trajeron de vuelta». También hay mucha fabulación con respecto a los poderes extrasensoriales. Dicen que hay tipos que son capaces de cortar una tormenta. Yo no los vi pero la gente lo comenta como si fuera algo muy natural.

P.: Una especie de realismo mágico...

H.M.: Yo diría que es una especie de fe alimentada por la necesidad de enfrentar a las fuerzas de la naturaleza. Las viviendas de campo son muy precarias y la tormenta te puede volar el rancho, arruinar la cosecha o hacer desastres con los animales. También me ocupé del tema de la electricidad. Hay gente que todavía tiene que iluminarse a vela porque las compañías de electricidad sólo tiran un cable donde les conviene.

P.: ¿Ese es un tema central en la obra?

H.M.: Sí. Hay un personaje muy poderoso que tiene el monopolio de la electricidad y acapara la luz de manera muy arbitraria. Además, está insertado dentro del poder político. Porque personajes como éste son siempre candidatos a concejales o a intendentes. Relacionado con esto aparece el tema amoroso. Hay una chica que abandona al hijo de este personaje porque está cansada de ese mundo de ostentación, de camionetas 4x4 y caballos de carrera. Ella viene de una familia modesta y prefiere salir a caminar por la noche y ponerse en contacto con esos fenómenos naturales de los que hablaba antes.

P.: ¿Fue difícil encontrar el criterio estético para mostrar ese ambiente?

H.M.: En principio elegimos una estética inspirada en la obra de Molina Campos y también optamos por la vestimenta tradicional, pero incluyendo varios elementos modernos. Hoy los gauchos andan en moto y llevan puesto el celular donde antes lucían el facón. Ahora en el campo hay mucha mezcla.

P.: ¿Cómo trabajó el lenguaje y la música?

H.M.: El lenguaje no está parodiado, salvo en algunas ocasiones, pero sí tomamos el refra-nero criollo, que todavía se usa bastante. Con eso hicimos un rap. El resto de la música incluye chacareras, gatos, malambos y zambas. Es toda música de fusión que de repente puede derivar en otras zonas musicales como el jazz, por ejemplo. Otra cosa que les va a interesar mucho a los chicos son las peleas con facón, que aunque están estilizadas coreográficamente tienen toda la fuerza de la esgrima criolla. Las funciones de «Huesito Caracú...» son sábados, domingos y feriados, a las 15 y las 17.

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