16 de marzo 2001 - 00:00
"Hoy quiero más que sólo poner la cara"
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Jorge Guinzburg.
Periodista: A principios del año pasado atravesó por una vorágine similar a la que vive actualmente. Estaba involucrado en «El club de la comedia», «Chavonas», «La Biblia y el calefón», tenía un proyecto de cine. No aprende...
Jorge Guinzburg: Debo llegar a pensar que me encanta.
P.: ¿Por qué volvió a «América»?
J.G.: Porque era un canal que me permitía hacer otras cosas, que no implicara solamente poner mi cara. Le dan espacio a otros proyectos de mi productora.
P.: ¿Qué va a tener «Peor es nada», además del «comando nudista» que se conoció antes de tiempo por el episodio policial que terminó con la detención de sus integrantes?
J.G.: Ese era un comando de protesta, sesentista, por eso estaban desnudos. «Peor es nada» va a tener mucho de lo que era pero además se sumará lo periodístico, que está emparentado con lo que fue «La noticia rebelde». Va a cubrir más lo que pasa, va a tener humor político. Va a ser una parte en vivo y otra grabada, tratando de retocar hasta el último momento, siempre con el código del humor. Habrá secciones de sketchs y otras que son las «sacadas de cuero» que hacemos nosotros.
P.: Parece que esas «sacadas de cuero» son cada vez mejor vistas por sus protagonistas: ya son legión los famosos que las aceptan de buena gana como manera de promocionarse.
J.G.: Creo que esa movida empieza en «La noticia rebelde», cuando el primer político que aceptó venir fue Octavio Bordón, y a partir de eso empezaron todos a venir. En la sección «Los congresales» participaban los políticos con nosotros, que hacíamos de diputados, y nos trataban como tales. Creo que es bárbaro que puedan prenderse, así es en Estados Unidos.
P.: Esa actitud depende además de rigurosos estudios de imagen que aconsejan que es conveniente estar en ciertos programas, aunque se haga el ridículo.
J.G.: Es posible. Me parece un logro que estén desacartonados pero también creo que no deben asistir a los programas como cómicos sino como políticos. Pero en «La Biblia y el calefón» yo no los hago ir a cantar o a bailar sino que vienen a hablar.
P.: Sin embargo, van con otra actitud. Usted dijo alguna vez que los invitados salen de su programa contentos y alegres, ¿es sólo efecto del champagne?
J.G.: Aunque ayuda, la pasan bien porque el clima que se crea en el programa es divertido y me parece bárbaro que se den el lugar para reírse y divertirse. En otros programas los hacen disfrazar o hacer payasadas, qué se yo, a mí eso ya me pone tenso, no tengo ganas. Sin embargo, cuando reviso los guiones de «Peor es nada», me dan ganas de disfrazarme y actuarlos todos.
P.: Será porque es su programa.
J.G.: Por eso no voy a muchos programas.
P.: ¿Le pesa que el público deposite en usted el rol del chistoso que tiene que estar siempre haciendo reír, o usted mismo se autoimpone ese mandato?
J.G.: Si voy a un reportaje o a una nota, no me gusta hacerme el cómico, si hay algo para hablar en serio quiero hacerlo. Incluso en «La Biblia...» me dan ganas de tocar algunos temas seriamente, sin ser ni dogmático, ni sentencioso.
P.: ¿Se hacen concesiones que pueden ir en detrimento del contenido como sacrificio por el rating?
J.G.: Y... sí, se hacen, pero hay concesiones que no hago, jamás invitaría a alguien con quien me molesta estar. Y es medio absurdo porque quizá no me cae del todo bien alguien, pero me puedo enganchar con cosas raras de esa persona, con el personaje. Todo el que vino es porque me dio ganas de que esté; son más de 640 los que estuvieron. A veces se repitieron porque no hay 300 millones de estrellas.
P.: ¿Cómo fue la decisión de emitir el programa que grabó con Rodrigo pocas horas antes de su trágica muerte?
J.G.: Fue muy duro. Yo hice cero promoción y sólo atendí a dos radios de las veinticinco que estaban llamando ese sábado a la mañana. Hubo dos cosas que pesaron: una fue lo que me dijo Carlos Ulanovsky, primero me preguntó: «¿Cuándo sale el programa?» y yo respondí que no sabía si lo iba a mandar porque no quería ser cuervo y lucrar con eso. Y después, durante el fin de semana, me empezó a indignar el tratamiento que se le estaba dando a su muerte. Y dije: «Puta, ¿qué quiero recordar de alguien? Un momento de felicidad, de alegría y no lo morboso, la pelea por la guita». Y ahí operó otra cosa: Lo que me pasa con el «Negro» Olmedo. La primera vez que lloré por la muerte de un no familiar fue con Olmedo. Mi mujer, Andrea (Stivel) no puede ver películas ni sketchs del «Negro» porque le hace mal, y a mí me hace bien verlo, porque rescato de él la alegría. Entonces decidí que el programa con Rodrigo lo iba a emitir. Ulanovsky me dijo: «Qué pasa, es un programa que grabaste hace diez meses y ahora lo querés volver a pasar para lucrar». Entonces evalué que ése programa es el que tenía que salir y si no lo emitía no tenía qué mandar.
P.: ¿Qué otros momentos duros afrontó en todos los años que lleva en televisión?
J.G.: Momentos de censura, la decisión de tener que levantar un programa es muy dura, más aún, cuando la decisión la toman otros por vos y no te queda otra.
P.: Una vez dijo que «Si se es inteligente, se es sincero» ¿Cree que usted es sincero a la hora interactuar en «La Biblia..»?
J.G.: Sí. Ni una sola vez dije «eso no lo contesto». Creo que en «La Biblia...», en última instancia, se habla en general sobre temas. Salvo la primera charla inicial en la que pregunto cómo está cada uno, después son distintas posturas frente a temas.
P.: Cuando usted da su opinión, a veces parece más un personaje construido. ¿Es así?
J.G.: Yo soy... lo que toda mujer necesita.
P.: ¿Eso es inteligencia o sinceridad?
J.G.: En realidad, soy mucho más vergonzoso de lo que la gente cree.
P.: ¿Ante qué situaciones?
P.: ¿Le gustaría toparse con una viejita acosadora?
J.G.: Vamos a ser sinceros, a quien acosan las mujeres es a un cantante, a un galán, bueno yo.. cantante soy pero galán no.
P.: ¿Sigue psicoanalizándose?
J.G.: Sí. Creo que me ayuda a conocerme más.
P.: ¿Y qué descubre?




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