Gaby Herbstein: cuatro años entre chamanes

Espectáculos

Una exploración por el conocimiento oculto, de Groenlandia a la India y México.

“Me pasé los últimos cuatro años investigando y buscando apoyo para hacer ‘Creer para ver’, y tanto antes como durante la producción me pasó de todo, desde cantar por teléfono durante un año con una chamana mexicana o ser confundida con terroristas en la India”.

Como una moderna Marco Polo, Gaby Herbstein recorrió el planeta para rodar su flamante programa de National Geographic “Creer para ver”, donde ella misma, directora, guionista y también narradora, realiza una serie de viajes que la llevaron desde México a Siberia, y de Groenlandia a la India. La argentina Herbstein, una de las fotógrafas más prestigiosas y con mayor proyección internacional de Latinoamérica, entrevistó a chamanes de las culturas más diversas poco conocidas en Occidente.

“Estos líderes espirituales no se conocen ni tienen contacto entre sí, pero de alguna manera están todos interconectados y tienen algo parecido que decirnos” dice Herbstein en diálogo con este diario. “No estamos destruyendo el planeta, ese enunciado está mal redactado, porque el planeta siempre va a renacer: simplemente nos estamos destruyendo a nosotros mismos”.

Este mensaje queda claro desde el primer episodio de la serie, visto el lunes pasado, cuando un “abuelo” o chamán mexicano, Héctor Falcón, explica que los derrames de petróleo pueden hacerle daño a los seres humanos, pero al mismo tiempo resultar benéficos para algunos microorganismos. “Y lo mismo entendí en Groenlandia, donde el gran chamán esquimal, Angaangaq Angakkorsuaq, me dijo que su gente lo eligió para explicarle al mundo sobre el derretimiento de los glaciares, que ellos vienen notando hace décadas. Y él cuenta que dio discursos en todo el mundo, que logró que hasta la NASA examine el problema de los hielos, y que sin embargo la conclusión es que no hay nada que se pueda, que los hielos ya empezaron a derretirse, que Groenlandia volverá a ser la tierra verde como su nombre, lo indica, pero su cultura va a desaparecer tal como se conoce”.

Aunque el trabajo de Herbstein es conocido por el público gracias a fotos como la que ilustra la portada del disco “Bocanada”, de Gustavo Cerati, ella tiene un lado antropológico más sorprendente. “Yo me convertí en fotógrafa casi por casualidad; en realidad quería estudiar antropología y ser egiptóloga. Luego empecé a unir esos intereses cuando hice mi libro “Huellas”, en el que me asesoré con antropólogos para explorar el papel y la evolución de la mujer en las culturas originarias de la Argentina. Pero para mi primer proyecto audiovisual la investigación estuvo a mi cargo, un poco por cómo surgió la idea. Fue un sueño, en el que soñé con un libro que mostraba a líderes espirituales de todo el mundo. Eso ya me había ocurrido una vez con otro de mis libros, pero el detalle es que en este sueño el libro tenía imágenes animadas. Al otro día ya estaba pensando en concretarlo, y a medida que avanzaba me di cuenta de que el libro tenía que ser una serie documental para televisión. Obtuve el apoyo de Faith Rights de las Naciones Unidas, y la pantalla de National Geographic, y que me recibiera el papa Francisco, que escuchó atentamente mi idea, y me dio su bendición, diciéndome que cree que este tipo de proyectos son necesarios. Eso fue increíble, aun cuando de antemano ya sabíamos que el Papa no iba a poder aparecer, ya que sólo puede hacerlo en proyectos audiovisuales del Vaticano”.

“Creer para ver” se emite los lunes a las 22 por NatGeo, y consta de 8 episodios también rodados en Malta, Praga, Buenos Aires, Estados Unidos y Viena. “Me pasé un año entero llamando por teléfono y tratando de convencer a la chamana mexicana abuela Margarita”, cuenta Herbstein “para que participara. Ella me decía que no, pero me hacía cantar sus canciones. Cada vez que la llamaba terminaba cantando con ella. Finalmente aceptó, después de un año, pero me pidió que fuera a un retiro de tres días en Chile. Y ahí no nos dejaba sacar la cámara, hasta que le supliqué a su asistente que la convenciera. Lo hizo, pero si la subíamos a un árbol bien alto y lindo. Ella tiene 86 años. La subimos a un árbol hermoso y ella se abrazó a una rama y quedó en trance como 15 minutos, su brazo parecía parte del árbol. Un momento de miedo fue en la India, veníamos de entrevistar a Sri Ravi Shankar y, en Bangalore, los de seguridad creyeron que nuestros grandes flashes de estudio eran bombas y nosotros terroristas. Nos quitaron los pasaportes y nos encerraron. Éramos dos mujeres en un cuarto vigiladas por gente de seguridad que ni siquiera hablaba inglés. Después de un largo rato se me ocurrió mostrarles una foto del celular donde se veían que esos aparatos que ellos no conocían eran para fotografía, lo entendieron y tomamos el avión a último minuto”.

Pero para Herbstein uno de los momentos más extraños fue pisar tierra groenlandesa: “Te bajas del avión y allí parece que rebotas en el piso, como si hubiera menos gravedad o fuera una caminata lunar, Eso el permafrost, que tiene vegetales abajo del hielo. Cuando volví a Suecia, el piso me parecía duro”.

Herbstein asegura que ya está pensando en la segunda temporada de “Creer para ver” (“faltan cosas del budismo y el Islam”, confiesa). Pero es imposible hablar con ella sin tocar temas exclusivamente fotográficos. Por ejemplo, ¿qué hace un fotógrafo en medio de la cuarentena?

“Al principio síndrome de abstinencia de sacar fotos. Es que la cuarentena fue muy abrupta, busqué a mi hija del colegio como un zafarrancho y de golpe me di cuenta de que todas mis cámaras habían quedado en mi estudio. Al principio fue muy duro. Luego advertí que al menos tenía los teléfonos y empecé a explorar detalles chiquititos de mi casa, como mis plantas o pequeños objetos. Armé en Instagram “Universos dentro de universos” alentando a que todos manden fotos. Ya hay más de mil”.

Sobre los celulares y las selfies: “En un punto son sólo herramientas, no necesariamente malas para sacar fotos. Lo malo es el fenómeno de las selfies. Y hay algo peor, las selfies tomadas tapando parcialmente un paisaje, como quien se toma una foto delante de la torre Eiffel y sólo deja ver la puntita. Pero eso también sucedía antes con las cámaras, solo que ahora los celulares provocan que este fenómeno sea más fácil”.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Temas

Dejá tu comentario