28 de marzo 2002 - 00:00

Ingenioso pasatiempo con buenos actores

Escena del film
Escena del film
«Los excéntricos Tenenbaum» («The Royal Tenenbaums», EE.UU., 2001, habl. en inglés). Dir.: W. Anderson. Int.: G. Hackman, A. Huston, B. Stiller, G. Paltrow, B. Murray, D. Glover.

L eyendo la impresionante lista de intérpretes que figuran en la ficha técnica de esta comedia negra, podría esperarse un resultado memorable. Más aún si a ese dato le agregamos que el director de fotografía es el mismo de «Drugstore Cowboys» de Gus Van Sant, que hay un tema original de Nick Drake y que director y guionistas son los mismos de la excelente «Rushmore».

Ahora, la verdad es que quien pretenda ver una buena película con dos protagonistas de lujo como Gene Hackman y Anjelica Huston, probablemente salga conforme, habiendo pasado un rato razonablemente entretenido, y no vuelva a acordarse nunca del asunto.

Quien tenga la información, hará esfuerzos para no sentirse decepcionado y se preguntará por qué el director Wes Anderson no potenció más la tonelada de talento con la que contaba.

De hecho, tanto Hackman como Anjelica Huston sólo aceptaron el proyecto con la condición de que Anderson y el coguionista y actor de reparto Owen Wilson reescriban algunas de sus partes para darle un poco más de profundidad a sus personajes. El pedido parece no haber sido una mala idea, ya que algunos de los mejores momentos son justamente dos o tres escenas clave entre la pareja protagónica.

Personajes

Hackman es Royal Tenenbaum, un abogado tan chanta que el personaje perfectamente podría ser argentino. La Huston es su ex, con la que no habla desde hace 7 años, sin que por eso haya tenido la intención de divorciarse legalmente. El statu quo se complica cuando el contador Danny Glover le pide la mano a su clienta, especialmente porque justo en ese momento el caradura estelar es arrojado a la calle por no pagar las cuentas del hotel lujoso donde vive la buena vida desde hace tiempo.

A este conflicto hay que agregar las rarezas de los hijos (
Stiller, Paltrow y Luke Wilson), nietos, perro y el vecino escritor psicodélico que compone un Owen Wilson que explota un poco más que de costumbre cierta similitud de facciones y ademanes con el legendario Dennis Hopper. Hay dos o tres escenas que logran climas parecidos a la de la muy superior «Rushmore». Pero cuando el dúo Luke Wilson y Gwyneth Paltrow consuma su casi incesto y el escritor adicto a la mescalina ya conduce su convertible a toda velocidad con el rostro pintado como los indios hopis, no hay mucho más que contar. A propósito de Paltrow, un breve flashback de sus fechorías eróticas es todo un símbolo de cómo esta buena película pedía a gritos un director que se anime a ir un poco más allá.

Por momentos da la sensación que el equipo creativo se apoyó en el talento de cada intérprete para desarrollar su personaje, y que también el excelente soundtrack (que además del citado tema de
Drake, incluye clásicos de Bob Dylan y The Velvet Underground) es un sostén esencial del film. Es más, sin esas canciones, algunos momentos dejarían de ser deliciosamente sutiles para resultar automáticamente insípidos.

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