28 de marzo 2002 - 00:00
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Escena del film
L eyendo la impresionante lista de intérpretes que figuran en la ficha técnica de esta comedia negra, podría esperarse un resultado memorable. Más aún si a ese dato le agregamos que el director de fotografía es el mismo de «Drugstore Cowboys» de Gus Van Sant, que hay un tema original de Nick Drake y que director y guionistas son los mismos de la excelente «Rushmore».
A este conflicto hay que agregar las rarezas de los hijos (Stiller, Paltrow y Luke Wilson), nietos, perro y el vecino escritor psicodélico que compone un Owen Wilson que explota un poco más que de costumbre cierta similitud de facciones y ademanes con el legendario Dennis Hopper. Hay dos o tres escenas que logran climas parecidos a la de la muy superior «Rushmore». Pero cuando el dúo Luke Wilson y Gwyneth Paltrow consuma su casi incesto y el escritor adicto a la mescalina ya conduce su convertible a toda velocidad con el rostro pintado como los indios hopis, no hay mucho más que contar. A propósito de Paltrow, un breve flashback de sus fechorías eróticas es todo un símbolo de cómo esta buena película pedía a gritos un director que se anime a ir un poco más allá.
Por momentos da la sensación que el equipo creativo se apoyó en el talento de cada intérprete para desarrollar su personaje, y que también el excelente soundtrack (que además del citado tema de Drake, incluye clásicos de Bob Dylan y The Velvet Underground) es un sostén esencial del film. Es más, sin esas canciones, algunos momentos dejarían de ser deliciosamente sutiles para resultar automáticamente insípidos.




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