(03/01/02) «Nada que hacer» (Rien á faire, Francia, 1999, habl. en francés.) Guión y dir.: M. Vernoux. Int.: V. Bruni Tedeschi, P. Dell'Isola, S. López, F. Thomassin.
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De Marion Vernoux, una mujer poco conocida entre nosotros, e incluso entre los suyos, pero de respetable trayectoria, nos llega este curioso drama de realismo socio-erótico. Suena raro, pero ésa es la mezcla.
La anécdota reúne a un hombre de mediana edad, jefe de sección, que acaba de perder su empleo y se esfuerza en incorporarse a otro de similar nivel, y un ama de casa, que hace ya más de dos años que perdió el suyo, y ahora se las rebusca en alguna que otra changa, o se refugia en intentos de hacer gimnasia frente al televisor, en el espacio que le dejan libre el sofá y la tabla de planchar.
Historia sencilla
Se han visto en la agencia de empleos, se cruzan en el supermercado, de a poco se hacen amigos, y, como una cosa trae la otra, van intimando, van entrando en secretos, en actividades conjuntas (por ejemplo, él le enseña a manejar el auto, por lugares apartados) y, en fin, como no tienen nada que hacer, y en cambio sus respectivos cónyuges siempre están tan ocupados... Lo que Vernoux propone es una historia sencilla, pequeña, hecha de situaciones creíbles, de personajes queribles -incluyendo los respectivos cónyuges, aunque sean medio aburridos-, y hecha también con una cámara ágil, que sigue de cerca a sus protagonistas, y enmarca adecuadamente su sensación de encierro e inestabilidad, algo que también cumplen la escenografía abigarrada, la fotografía medio quemada, y el montaje medio nervioso.
Valeria Bruni Tedeschi, cuerpo común de ama de casa, rostro de expresividad nada común, aporta el calor que hace atrapante a la historia. Unas barras de códigos, que aparecen tanto en los créditos iniciales, como en los intertítulos que indican el paso del tiempo, aportan en cambio la sugerencia de una lectura interna que va más allá de la simple historia de adulterio.
El conjunto sabe entonces interesar, y hasta inquietar, y deja pensando.
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