26 de septiembre 2005 - 00:00

Jacoby en el Malba: la obra como viaje

La obra Darkroom es una experiencia atípica, que se propone como el viaje a la intimidad de una obra de arte.
La obra "Darkroom" es una experiencia atípica, que se propone como el viaje a la intimidad de una obra de arte.
La obra «Darkroom» del sesentista Roberto Jacoby, que en estos días se exhibe en el Malba, oscila entre el arte puramente sensitivo y el conceptual y adhiere a la definición de Leonardo, quien sostuvo que «el arte es una cuestión mental».

Jacoby
, uno de los artistas más enigmáticos y significativos de la Argentina, nunca vendió una obra debido a las características de su trabajo, con el arte en los medios de comunicación durante la época del Instituto Di Tella, y la creación de proyectos como la revista «Ramona», «Bola de nieve» o «Venus» (una sociedad experimental de artistas) que le deparó la beca Guggenheim. Su arte es una actividad que va más allá del placer visual y el mero dominio del oficio (virtudes que también ostenta), para formar parte de abstracciones como la sensibilidad y el pensamiento.

«Darkroom»
es una obra compleja. Por un lado, por su ejecución, ya que se trata de un experimento multimedia que demanda una video instalación, diversas performances para rayos infrarrojos (que se realizan los viernes, sábados y domingos a partir de las 18 y hasta el 9 de octubre, sólo para mayores de 18 años), y todo esto, para un único espectador, y con un costo muy elevado; mientras el montaje lo financia el Malba (que hasta ahora se hizo cargo de todos los gastos de sus exposiciones), los actores corren por cuenta del artista.

Por otro lado, la complejidad forma parte de la propuesta, ambigua y a la vez perturbadora. Los espectadores se encuentran en una especie de sala de pre-embarque, con una decoración especial y una azafata vestida de negro y con guantes también negros, quien -antes de que el pasajero acceda a la sala negra, donde su única visión será la pequeña lente que lleva en su mano-, recita las tranquilizadoras instrucciones para emprender el viaje, con código de seguridad para el regreso incluido.

El viaje es la obra. En medio de la oscuridad, y a través de una pantalla muy pequeña, se ven varios personajes con cabezas circulares que semejan calabazas y cuyas bocas abiertas ostentan un gesto de estupor. Meciéndose, abrazándose, gesticulando; moviéndose, arrastrándose, levantando los brazos; susurrando, durmiendo o, acaso, muriendo.

Rozando al espectador en su tránsito, los personajes y la noche de Jacoby sumergen en un mundo diferente. Lo cierto es que este tipo de oscuridad borra cualquier certeza. Las acciones esquemáticas que los performances reiteran para cada uno de los visitantes -cuestión que indica la valoración del artista por el individuo-, no hacen otra cosa más que abrir interrogantes que nadie puede responder de modo fehaciente. La respuesta, al igual que la experiencia, es única y depende del recorrido de cada espectador, que se torna personal e irrepetible.

En medio de la incertidumbre que impone la performance, hay tres cabinas que sirven para recapacitar luego del elevado nivel de participación que demanda, y cada una tiene ocho canales que reproducen la acción. Lo cierto es que la performance instaura dudas sobre si lo que se ve es metáfora de la vida o de un instante. Y más aun, luego de ver en 2002 la primera edición en el espacio Belleza y Felicidad, el crítico Reinaldo Laddaga, autor de un libro sobre su obra, donde la asocia al «cine expandido», escribe: «El impacto de la pieza (en todo caso, para este observador) era grande, y se trató de una de las experiencias de comunicación más intensas que me hayan sucedido recientemente. ¿Comunicación con qué? ¿Con quién? Qué o quién: la alternativa es indiscernible».

Jacoby
, con una indefinible indisciplina intelectual, abre como si fuera un juego, el camino al pensamiento para encontrar un orden en el desorden habitual de las cosas. Crea un universo pequeñito, pero que alcanza para proyectar los enigmas y dificultades de sus seres anónimos, con cabezas de calabazas.

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