Sin embargo, mientras los paisajes son extremadamente melancólicos y la mayor parte de las imágenes muestran un mundo desolado, como las puertas de los baños públicos del Central Park, el conjunto de la obra tiene, en compensación, un carácter sutilmente poético que trasciende el rigor del tema e invita a dejar volar la imaginación. Sobre todo, los paisajes nocturnos, donde los faroles, como guirnaldas suspendidas en la oscuridad, son los expresivos protagonistas de las obras.
La semana pasada con el mismo y pulido estilo de estos trabajos, la galería presentó un pequeño y cuidado libro de edición numerada que incluye todas las imágenes de la muestra.
El artista, que preparó una cámara capaz de remontar vuelo y de captar enfoques extraños y sorprendentes en su viaje, presenta también en estos días otra exposición en el Centro Cultural Rojas. Se trata de una serie de imágenes dedicadas también a Buenos Aires, a «una ciudad nocturna y deshabitada, mirada con los ojos de un porteño que la ve dormir», según explica.
Dejá tu comentario