23 de junio 2005 - 00:00
Junge: habla protagonista auténtica de "La caída"
La buena respuesta del público al film «La caída» posibilitó que hoy se estrene, limitadamente, este excelente documental alemán en el que la secretaria de Hitler, cuyas memorias son fuente del largometraje, habla a cámara. A diferencia de tantos testimonios de partícipes del régimen, Junge no niega su complicidad emocional con el dictador ni miente diciendo que «no sabía nada». Habla de un «punto ciego», que le imposibilita relacionar su conciencia de los crímenes contra la humanidad con su propio pasado.
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Traudl Junge, como se la ve en el documental «La secretaria
de Hitler», que aceptó hacer en 2001, un año antes de
su muerte.
«Teníamos la misma edad», se conduele en ese momento, identificándose con la víctima, y avanza de inmediato en una especie de autodiagnóstico: «A medida que envejezco, más culpable me siento. No ignoro nada de lo que ocurrió, la muerte de seis millones de judíos, el exterminio de gente de otras confesiones e ideas. He leído mucho, por ejemplo libros como el de Victor Klemperer, y no puedo perdonarle a esa joven que fui haber aceptado ese trabajo. Yo pude haberlo rechazado, pero no lo hice. Hitler fue un absoluto criminal».
En el film, la continuidad del testimonio a cámara sólo está interrumpida por dos buenos recursos: los bloques temáticos, que a veces cesan con algún silencio prolongado, y por planos diferentes en que a veces aparece Junge observándose a sí misma en un monitor, evaluando lo que acaba de decir, a veces con mirada recriminadora. «Cuando me escucho todo suena tan banal», observa. «Todo tan banal y con resultados tan terribles».
Se escucha a sí misma decir que se entregó completamente a Hitler: «Cuando me contrató, sólo me hizo una observación. Me dijo que yo era muy bonita, y que las mujeres bonitas se casaban muy rápidamente y renunciaban a sus trabajos. Me hizo una broma y me dijo que me convenía afearme «como una negra», que me deformara los labios. Pero yo le dije que no debía preocuparse. Que en mis 22 años de vida jamás había conocido un hombre, y que así continuaría.Y él se rió mucho cuando me escuchó. ¿Cómo fui capaz de decir algo así?»
Su amplio testimonio, como se sabe, fue una de las fuentes del film actualmente en cartel, «La caída», cuyo buena respuesta de público posibilitó que ahora se estrene, limitadamente y con proyección en DVD, este documental, cuyo guión también merecería una versión gráfica por lo abundante en contenidos. Junge también declara, con sombría ironía, una somera explicación del fenómeno: «Estas cosas sólo pueden ocurrir con un sistema tiránico organizado, y nadie ignora que los alemanes somos grandes organizadores. Le entregamos nuestras conciencias. Una vez, después de la guerra, a un suboficial de bajo rango le preguntaron si nunca había sentido piedad por las víctimas. Por supuesto, contestó, pero estamos obligados a sobreponernos a ello por una causa mayor».
Al final de la película, los directores declaran que recibieron un último llamado telefónico de Traudl Junge, en el que les expresaba su agradecimiento por lo que habían hecho, y terminó diciendo: «Creo que empecé a perdonarme».
Queda la duda, por supuesto, de si quiso decir que creía que había empezado a culparse.



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