Presentación de «Sailing to Philadelphia». Actuación de Mark Knopfler (voz, guitarra). Con Glenn Worf (bajos, contrabajo), Chad Cromwell (batería), Richard Bennett (guitarras), Guy Fletcher (teclados, guitarra), Garaint Watkins (teclados, acordeón, guitarra) y Mike Henderson (guitarras, violín, armónica). (Luna Park, 31 de marzo.)
Hace ya más de 20 años, la banda británica Dire Straits se convirtió en una cantera permanente de éxitos, apoyados en la canción, pero sin las concesiones que hacían otros grupos contemporáneos, con el sonido rockero en primer plano pero sin descuidar el toque folk, con la crudeza de la voz de su líder pero sin olvidarse de las melodías.
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A lo largo de su historia -con sólo seis álbumes de estudio editados-, el grupo fue recortando la figura de su cantante y guitarrista principal, autor además de la mayoría de las canciones, el escocés Mark Knopfler. No fue extraño, entonces, que con el tiempo este músico emprendiera su camino solista; todavía formando parte del grupo al principio y ya sin esa atadura luego.
De todos modos su destino quedó indisolublemente ligado al de sus viejos compañeros. Muchos años después de la disolución de Dire Straits, Knopfler llegó a la Argentina, con más edad, sin aquella nutrida cabellera de los tiempos de gloria de la banda, pero con la misma vitalidad y mayor sabiduría.
Sus conciertos del Luna, de mucho más de dos horas, no tuvieron desperdicio. Sostenido en un sonido general acústico y en el estilo folk y celta -apenas se volcó hacia lo tecno cerca del final, con su «Speedway at Nazareth», de su último álbum «Sailing to Philadelphia»-, con la presencia de muchas guitarras -en muchos momentos del concierto fueron tres tocando simultáneamente-, con una voz que conserva y ha potenciado su tono oscuro, Knopfler repasó muchas canciones del pasado.
Pasó por varios grandes hits de Dire Straits, «Calling Elvis», «Walk of life», «Romeo & Juliet», «Telegraph Road», «Brothers in Arms», «Money for Nothing», la muy ovacionada «Sultans of Swing»-. Recordó algunos títulos de su excelente álbum «Golden Herat»: «Rüdiger», «Done with Bonaparte», y presentó, por supuesto, su nuevo material. Mostró sus influencias de la música celta de su tierra, del folk norteamericano, de la balada «alla» Bob Dylan, del blue y, por cierto, del rock & roll. Y tuvo en sus compañeros un sostén fundamental para que su voz, eje permanente de la escena, pudiera lucirse en toda su amplitud.
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