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8 de junio 2006 - 00:00

"Kuala Lumpur" dramatiza la vida azarosa de los actores

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Juan Pablo Garaventa, Valeria Lois, Martín Piroyansky y Lorena Vega, el elenco de «Kuala Lumpur» de Gustavo Tarrío.
Durante años fue camarógrafo de televisión y fue allí, en esas largas jornadas en «Canal 9», donde descubrió su atracción por los actores. El director y guionista Gustavo Tarrío es egresado del INCAA, cuenta con una apreciable formación teatral y desde hace un tiempo alterna la actividad escénica con su carrera de documentalista (su último trabajo, «Foto Bonaudi», una miniserie de cinco capítulos, se está exhibiendo por cable).

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Para Tarrío ambas tareas se complementan. Tan es así que su último trabajo, «Kuala Lumpur» (Espacio Callejón, jueves a las 21 y viernes a las 23.30 hs.) trata en parte de la curiosa relación que él mismo entabla con sus elencos. «Los actores me dan miedo. Inclusive cuando los dirijo. Los veo moverse, decir sus textos, y por momentos conectarse con algo que nos trasciende a todos. 'Kuala Lumpur' podría definirse como una comedia sobre el miedo, el odio y el amor por los actores», dice.

Tarrío acostumbra a introducir en sus puestas elementos marcadamente cinematográficos (proyecciones, montajes abruptos, bandas de sonido atmosféricas). Ejemplo de ello fueron los espectáculos «3 Ex» (en colaboración con Moro Anghileri), «Afuera» (en coautoría con Grupo Sanguíneo) y «Decidí canción», un «documentalmusical, clandestino, autobiográfico y remasterizado», sobre la relación de un grupo de actores con el mundo de la canción, los CDs y demás soportes musicales.

«Kuala Lumpur» es su segundo trabajo con la compañía Grupo Sanguíneo que integran Juan Pablo Garaventa, Valeria Lois, Martín Piroyansky y Lorena Vega.

Periodista: ¿Aquí también se inspiró en datos biográficos de sus actores?

Gustavo Tarrío: Tomamos nuestras experiencias de gira con «Afuera». El año pasado fuimos invitados al Festival Nacional de Rafaela, al de Porto Alegre (Brasil) y al Argentino de Teatro, también en Santa Fe, y esa situación de estar todo el tiempo juntos y tener que montar la obra en otro lado produjo algo divertido. Además, tomé como referencia la película de Peter Bogdanovich «Noises off» que se estrenó en video como «Silencio, se enreda». Es la historia de una compañía de Broadway que representa un vodevil y se va viendo su deterioro a lo largo de tres instancias. Con esta excusa los actores improvisaron distintas situaciones hasta que fue apareciendo la historia de «Kuala Lumpur». Son cuatro actores que se reúnen para ensayar una conferencia de prensa en la que anunciarán su regreso al teatro, pero las relaciones entre ellos están totalmente destruidas.

P.: ¿Qué provocó esa ruptura?

G.T.: Ese es el misterio que sobrevuela toda la conferencia. El grupo se disolvió dos años antes, luego de una situación muy traumática que sucedió en México. Antes habían viajado a Malasia, pero la endogamia grupal y el exceso de drogas fueron deteriorando sus relaciones. Para mí la vida del actor tiene algo del ambiente «rocker» y eso acá está llevado al extremo.

P.: ¿El público forma parte de esa presentación de prensa?

G.T.: Así es. La conferencia de prensa dura lo mismo que la obra y lo que se va viendo -a modo de flashbacks- son las distintas obras que el grupo hizo a lo largo de su carrera, inclusive las que no llegaron a estrenarse. Ellos se pelearon con todos sus directores y entran en una especie de megalomanía y omnipotencia que los lleva a desintegrarse. También jugamos con esta situación de hacer teatro en Almagro y a la vez sentirnos como en Hollywood. En cierta forma, tenemos los mismos problemas y las mismas charlas de café que cualquier estrella de la industria. Me refiero a cómo construir una obra, un personaje, un guión.

P.: Usted se mueve muy cómodo entre ambos lenguajes, pero como espectador ¿qué prefiere? ¿cine o teatro?

G.T.: Yo voy al teatro a ver personas. Me atrae y me da miedo todo lo que tiene que ver con la cercanía y con sentirme revelado a través de la mirada de un actor. Lo que me gusta del teatro, en comparación con el cine, es que me permite ubicarme en los dos polos: estar absorbido por la ficción como ocurre con el cine, y a la vez tomar distancia de lo que estoy viendo.

P.: También es el vértigo de la representación en vivo.

G.T.: Sí. Además el cine me produce una profunda tristeza y melancolía. Es algo que está muriendo en el momento mismo que lo están rodando. Como decía Godard, el cine es el único arte que capta la muerte trabajando. Desde la primera hasta la última toma uno esta más cerca de la muerte que de la vida.

Entrevista de Patricia Espinosa

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