7 de marzo 2008 - 00:00

La Antártida, centro de notable exposición

«La prise de conscience dAtlas», del fotógrafo canadiense Philippe Boissonnet, que integra la muestra «Sur Polar, Arte en la Antártida».
«La prise de conscience d'Atlas», del fotógrafo canadiense Philippe Boissonnet, que integra la muestra «Sur Polar, Arte en la Antártida».
En el marco del Año Polar Internacional, se acaba de inaugurar en el Museo de la UNTREF (Universidad Nacional de Tres de Febrero) una excepcional muestra «Sur Polar, Arte en la Antártida». Intervienen prestigiosos artistas argentinos y extranjeros contemporáneos, algunos de ellos científicos, y está compuesta por trabajos ejecutados en diversas técnicas: dibujo, pintura, grabado, video instalación, arte sonoro, fotografía, objetos. Cuando Andrea Juan, curadora de la muestra, ideó este proyecto, tuvo en cuenta que la Antártida es un continente virgen con la mayor reserva de agua potable del mundo y que funciona como laboratorio experimental en todas las disciplinas, incluyendo el arte. Contó con la Dirección Nacional del Antártico y el Programa Antártico Argentino y su convocatoria a artistas que han trabajado en el continente blanco se convirtió en un llamado a reflexionar sobre los desprendimientos de enormes masas de hielo que produce el calentamiento, sobre el daño y la indiferencia, sobre el arte de los extremos.

También invita a imaginar témpanos eternos, restos fosilizados, contaminación cero, expediciones y desafíos en un continente de cooperación destinado a la paz. Llevar arte a la Antártida es recordarle al mundo sus mares helados, sus especies y icebergs, su importancia para el ecosistema terrestre. El recorrido de la muestra es fascinante, por ejemplo, las joyas de Karin Beaumont (Australia), acrílico, plata aluminio anodinado, que explora la utilización de formas, texturas y espacios en estructuras biológicas. En algunas se pueden leer haikus que invitan a preguntarse por la belleza de nuestro mundo y nuestra obligación de protegerla.

Lorraine Beaulieu ( Canadá) propone sus Banderas Antárticas como símbolo de la comunidad planetaria. A través de un sistema de ocho canales de sonido, Jorge Chikiar ( Argentina) representa la imponencia sonora y el caos producido por la Antártida en respuesta a la irresponsabilidad del hombre. Las fotografías -impresión a chorro de tinta- de Philippe Boissonnet (Canadá) remiten a la mitología griega, Zeus condenó a Atlas a sostener el Cielo sobre sus hombros pero según la visión del artista, no es este el que puede colapsar sino la Tierra.

Marina Curci (Argentina) viajó en el Irízar y a través de sus acuarelas sobre papel trató de aprehender aquello que es primario: agua, aire, tierra, fuego. Marcelo Gurruchaga ( Argentina), que ya ha publicado el libro fotográfico «Isla de los Estados Chuanisin, tierra de la abundancia» estuvo embarcado en dos campañas antárticasen el Irízar para fotografiar las tierras que están más allá de ese punto. Lisa Roberts ( Australia), animación digital, utiliza la danza y el movimiento para responder a una serie de textos científicos y poéticos producidos por los expedicionarios de la Antártida.

Phil Dadson (Nueva Zelanda), combinando video, sonido e instalación, revela su visión única de un lugar en el que se ve y se oye como en ningún otro sobre la Tierra. Lucy y Jorge Orta (Gran Bretaña) presentan su Aldea Antártica que conocimos en la Bienal del Fin del Mundo (Ushuaia). Es un símbolo de la situación apremiante de aquellos que luchan por trasponer fronteras y obtener la libertad de movimiento necesaria para escapar de conflictos políticos y sociales.

La pregunta subyacente del video de las españolas Mireya y Mercedes Masó es si la gente es consciente de los cambios que se están produciendo en nuestro entorno. Alberto Morales (Argentina) refleja en sus pinturas el aislamiento, la piedra y el hielo, blanco sobre blanco, la atmósfera, el viento, la larga noche y la dolorosa realidadtierra. del calentamiento de la Andrea Juan lleva realizadas cuatro expediciones en las que realizó sus video instalaciones, fotografías y performances. Su trabajo se basa en los efectos producidos por los cambios climáticos, resultado de investigaciones científicas, entre ellas, la aparición del gas metano y la pérdida de barreras de hielo. Su fascinante video instalación se titula «Destellos» (Alteraciones Contaminantes) y es un verdadero llamado de atención.

Adriana Groisman ( Argentina), fotógrafa, viajó en el Irízar en 2007 con su hijo de 13 años, nacido y educado en EE.UU., que llevó un diario visual y escrito de sus experiencias y sentimientos. Los ensayos teóricos estuvieron a cargo de Annick Bureaud (Francia), investigadora y crítica de arte de nuevos medios y Nina Coloso (EE.UU.), productora artística multimedia, compositora, vive y trabaja en Nueva York. Recientemente lanzó el Streaming Museum, exposiciones simultáneas en tiempo real en el ciberespacio y el espacio público en 7 continentes.

Hasta el 18 de abril. Valentín Alsina 4828, Caseros.

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