22 de abril 2003 - 00:00

La Argentina incorregible

La Argentina incorregible
El viernes a las 20.30 se estrena en el Teatro Payró (San Martín 766) la obra de Daniel Dalmaroni «New York», con dirección de Villa-nueva Cosse y un elenco integrado por Jorge Suárez, Juan Palomino, María José Gabín y María Figueras. La escenografía e iluminación pertenecen a Tito Egurza y el vestuario a Daniela Taiana. Dalmaroni nació en La Plata, donde actualmente se exhibe otra obra suya («Burkina Faso») estrenada en diciembre de 2002.

Según él mismo afirma, su labor como periodista en agencias de noticias de la Capital Federal y en diferentes medios gráficos y radiales nunca ocupó el mismo lugar de importancia que la tarea de escribir teatro, en la que se ha ido afirmando en los últimos años. Tanto «New York» (a la que describe como una obra plena de situaciones de delirio sobre una familia muy particular, con serias fallas de comunicación y una gran resistencia a escuchar secretos y verdades ocultos por largo tiempo) como «Burkina Faso» serán editadas en junio de este año. Dialogamos con él.

Periodista:
Sus obras siempre han estado muy relacionadas con la realidad argentina ¿ «New York» sigue esa misma línea?

Daniel Dalmaroni: Sí. Esta pieza surgió a partir de cosas que fui observando y que tienen que ver, no tanto con la anécdota que aquí se cuenta, sino con la conducta de sus personajes que es típicamente argentina.


P.:
¿Por ejemplo?

D.D.: Voy a citar algunos. Cuando uno ve que un tipo pide un amparo judicial para sacar plata del corralito y después de un largo proceso para recuperar su dinero, va y lo deposita en un banco a plazo fijo, se da cuenta de que éste es un país de sordos y desmemoriados. O cuando uno presencia, a través de los medios, la interna de cualquier partido político, se da cuenta que no escucharon ni un solo cacerolazo. O los comerciantes de Mar del Plata que se quejaron durante diez años de que el «uno a uno» hacía que la gente prefiriera viajar fuera del país antes que veranear en la costa atlántica, pero cuando todo eso se terminó y los turistas volvieron al país les cobraron tres veces más. Por eso digo que este es un país de sordos y desmemoriados. La obra es muy argentina en ese sentido, porque cuando un integrante de esa familia quiere contarle a su hermano y a su cuñada algo terrible que él cometió y que los afecta a todos, nadie puede escu-char esa verdad. Creo que la obra dispara metáforas muy diversas, pero prefiero que el público descubra las suyas propias.


P.:
¿Le preocupa que su teatro tenga un alcance popular?

D.D.: Todo lo que escribo está asociado a una búsqueda de lo popular, pero no en un sentido folklórico o ligado a una línea costumbrista, sino en relación a las ideas y a la problemática que nos afectan a todos los argenti nos. La obra que estoy escribiendo ahora trata justamente sobre el problema de la memoria; mientras que en «Burkina Faso» sus protagonistas se veían acorralados por la miseria más espantosa. Es la historia de una pareja de clase media que se va empobreciendo hasta tener que vivir en una vivienda muy precaria de la cual es desalojada. Ante esa situación tan límite, donde no tienen ni para comer, deciden matar a sus tres hijos y suicidarse después; pero los hijos se le van muriendo antes de que ellos hagan nada. Finalmente terminan rebelán-dose contra esta situación, diciendo que en este país no se puede planificar nada. Por supuesto todo esto está contado con mucho humor negro.


P.:
¿Diría que ése es su canal de expresión?

D.D.: Nunca me propuse escribir humor. No soy un tipo divertido, ni soy el que anima las fiestas y, además, cuando quiero contar un chiste no resulto gracioso. Jamás se me ocurriría sentarme frente a la computadora a escribir humor, pero en todas mis obras emerge el humor.

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