25 de abril 2007 - 00:00

La bolsa de la Feria

  
  • «Fuera de los habitués y los curiosos, muchos de los que vinieron a la Feria del Libro en los primeros días fueron los cazadores de ofertas que, por experiencia, saben que si no compran los buenos títulos después ya no los consiguen. Yo sospecho que hubo un ingreso masivo de revendedores», dijo Gerardo en el stand de Distal. Hoy ofrece como su verificación que «la mayoría de los visitantes se fueron donde las editoriales ofrecen 1 por 5 pesos, 3 por 10 o, como en el furor de los '90, todo por 2 pesos. Lo más novedoso es que antes las ofertas las hacían sólo los stands de las librerías de saldo, ahora le salieron a competir las editoriales, que han tomado en cuenta el exitoso modelo que puso en circulación en la Feria, siguiendo la tradición mexicana, Fondo de Cultura Económica».

  • Así como hubo quienes festejaban que la gente se apiñara frente a la boleterías y los pasillos, un empleado de Dickens se indignaba: «Los de la Fundación no tienen en cuenta a la gente bajo la lluvia o el calor, con lo que cobran los stands podrían haber construido lugares donde la gente se pudiera reparar y no tenerla esperando a la intemperie para comprar una entrada. Entrada que por otra parte podría ser mas barata porque ya ganan con los alquileres de los espacios. A los turistas que llenan la Feria le entrada le parecerá muy barata, pero no a un empleado porteño que viene con su familia».   

  • Lo que nadie deja de cuestionar son los precios en los quioscos y lugares de comida. «Para mí que», comentaba irónicamente el empleado del stand de Siglo XXI, «les dijeron que esto iba a estar lleno de turistas y pusieron precios de aeropuerto. No se puede creer que un paquete de pastillas cueste exactamente el doble que en un negocio a la calle».   

  • «Este año publico dos libros que fueron escándalo en Europa y provocaron una polémica que aún continúa», informa el editor Carlos de Santos en el stand de Manantial. «Uno es «Las tendencias criminales de la Europa democrática» donde Jean-Claude Milner sostiene, por ejemplo, que sin la Shoa no se hubiera constituido la Comunidad Económica Europea, la integración de Europa. El otro es «La contra-democracia. La política en la era de la desconfianza», donde Pierre Rosanvallon pareciera haber partido de aquel aristocrático sarcasmo de Borges: la democracia es un abuso de la estadística».   

  • «Hasta ahora la Feria es un conjunto de contradicciones a su esencia. De los muchos actos, conferencias, mesas redondas que se han hecho, y donde no faltó el de Wilbur Smith, el único que tuvo realmente una masiva concurrencia fue la entrevista que le hicieron a Fito Paez, que será un histórico cantautor rosarino y empeñoso aspirante a la dirección cinematográfica, pero que yo sepa no un literato o ensayista», se divertía Germán Coldeira en el stand de Colihue.

  • Hasta ahora, la cola más larga no fue buscando la firma de un escritor, como otros años, sino esperando para participar del juego interactivo «El inquisidor» que instaló en la entrada de su stand Sudamericana, y que entrega a los ganadores un cinta para colgarse el celular o un ejemplar de la novela.   

  • «El gobierno no puede hacer oídos sordos a lo que le reclamó Horacio García en el acto inaugural», indica Manuel Pampin en el stand de Corregidor, su editorial, y explica que «debe solucionar el problema del papel, que las pymes editoriales cuentan con algún tipo de apoyo, que el Estado no nos compita en el sector editorial, y algo muy importante impulsar la exportación. Estamos ante una oportunidad única, por el precio de los libros argentinos, de por fin competir con españoles y mexicanos, y recuperar mercados».   

  • «Fue para nosotros una sorpresa lo que ocurrió en el Seminario Internacional para Editores «Marketing para lograr el máximo impacto» que dictó Thomas Woll, presidente de Cross River Publishing, y donde entre otros temas se trató de Sell In (Push) contra Sell Through (Pull). El cupo se cubrió de inmediato y tuvimos que ampliarlo para editores y libreros de Ecuador, Colombia, Nicaragua, entre otros países. Lo gracioso era ver a esos libreros, después del semanario, comprando libros por los stands y cargando bolsas con ediciones argentinas», comenta Carlos Pazos, editor y ex presidente de la Fundación El Libro.   

  • «¿Qué pasó con la rifa?», interrogaba un abogado, histórico habitué de la Feria, al empleado de Kier, acaso tomando en cuenta el slogan del stand «cien años de sabidurías». Era demasiado joven el librero como para saber que años atrás los organizadores pedían un libro de cada editorial y armaban un pozo, una buena biblioteca, que rifaban entre los asistentes «y agregaban otro estimulo al de venir a pasearse por esta megalibrería», concluyó el abogado.
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