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31 de agosto 2006 - 00:00

"La casa del lago"

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Aunque algo larga y confusa, «La casa del lago» es una atractiva película romántica con singular intriga, que, además, devuelve a Sandra Bullock a su nivel de comediante fina de otros tiempos.
«La casa del lago» (The Lake House, EE.UU., 2006, habl. en inglés). Dir.: A. Agresti. Guión: D. Auburn. Int.: S. Bullock, K. Reeves, Ch. Plummer, S. Aghdashloo, E. Moss-Bachrach, D. Walsh, K. Brennan.

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Doble interés tiene esta película romántica. Primero, por su singular intriga, muy formal, agradable, y sólo un poco más larga y confusa de lo conveniente, y segundo, por su director, el argentino Alejandro Agresti («Valentín»). También es muy interesante la recuperación de Sandra Bullock, que acá vuelve a su nivel de comediante fina de otros tiempos (el de «Mientras dormías», por ejemplo). Y luego, o más bien casi a todo lo largo, la casa propiamente dicha, y la ciudad de Chicago, que difícilmente se haya visto más bonita en alguna otra película.

El relato es el de siempre: ellos se conocen, simpatizan, se desencuentran, y al final se encuentran. El detalle es que, mediante un pequeño lado fantástico, digamos, gracias a un simple buzón, una médica que deja la casa en 2006 se comunica con el arquitecto que la está habitando en 2004, cada uno en su época, lo que no impide que se vayan tomando aprecio y quieran encontrarse personalmente, cosa un tanto más complicada, pero no imposible. Es más, ellos ya se cruzan (o se cruzaron, según se vea) en 2004, pero sin valorarse tanto como ahora (o como dentro de dos años, claro). Esto que parece enredado puede motivar unas cuantas discusiones a la salida del cine, pero se explica sin mayor problema si, paradójicamente, no se le busca ninguna explicación. El enamoramiento de uno nunca se explica, las casualidades de la vida no se explican, las ganas de verse no necesitan explicarse.

Tratando de entender las trampitas del relato, o disfrutando las turbaciones de sus personajes, el público se mantiene atento y bien predispuesto durante casi todo el relato. Que si al final, en el momento de la emoción, se queda medio corto, es culpa de esos minutos más de la cuenta, y acaso del modo apresurado en que el hombre busca el beso final, pero bueno, hay que considerar que estuvo esperando como dos años, hasta con riesgo de vida, y que el director es la primera vez que se mete en estos berenjenales, aunque alguna referencia muy vaga podría buscarse por el lado de sus tan personales «Boda secreta» y «Un mundo menos peor».

Sorprende Agresti, llegando muchas veces al tono de las viejas, elegantes historias fantásticas del Hollywood clásico, y occidentalizando suavemente el cuento original, que ya había motivado una buena película coreana, «Il mare» (por algo un lugar clave del film recibe ese nombre). Buena también la música, con «This never happened before», «Somewhere only we know», «It s too late» y canciones similares, todas apacibles y apropiadas.

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