La convocatoria popular, el gran desafío del arte

Espectáculos

Hace diez días el mundo presenció el más concurrido encuentro musical en reclamo por los más pobres de la tierra. El encuentro logró una convocatoria inusitada que nunca alcanzaron los creadores en toda la historia del arte desde las cuevas de Altamira. Live8 reunió a las más reconocidas megaestrellas de la música popular, que coincidieron en la misma noche, en una serie de conciertos en distintas ciudades del mundo, como Berlín, Edimburgo, Filadelfia, Londres, Moscú, París y Roma. El propósito fue el llamamiento al mundo y a los dirigentes reunidos en la cumbre del Grupo de los 8, líderes de las principales naciones industrializadas del mundo (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Japón, Italia, Gran Bretaña y Rusia), para eliminar la pobreza en Africa y suprimir las barreras comerciales que paralizan a los países chicos y medianos. La gran fiesta convocó a millones de personas, incluidas figuras singulares del espectáculo y la política, como el secretario general de la ONU, Kofi Annan y el ex presidente sudafricano, Nelson Mandela.

Dos acciones básicas determinaron el planteo: la transgresión y la subversión. «Trans/ gredir» significa, etimológicamente hablando, «pasar al otro lado», «ir más allá», «cruzar por encima de algo». En cuanto a «sub/vertir», es «volver una cosa de abajo arriba», «volcar». Acciones que también han estado presentes en las artes visuales, pero nunca con la convocatoria de esta fiesta sin precedentes.

Entre los artistas del siglo XX, el nombre de Pablo Picasso es insoslayable, como creador que conjugó su papel revolucionario de las formas estéticas y el cuestionamiento a la sociedad de su tiempo. Entre 1901 y 1904, en su período azul, el tema de sus pinturas fueron los desheredados, los enfermos, los pobres. Luego del período rosa, 1905-1906 -arlequines, escenas circenses, saltimbanquis-, el interés de Picasso por la escultura ibérica antigua y, sobre todo, por las tallas y máscaras de Africa, le da un nuevo rumbo a su creatividad. Es bien reconocida la influencia que el arte popular africano generó en el Cubismo y, sobre todo, en la escultura moderna; podemos hablar de anticipación del Neoprimitivismo en muchas tendencias estéticas de Occidente que tomaron los mitos y ritos de la cultura africana.

En 1990, el Museo Nacional de Arte Moderno de Francia, en el Centro Pompidou,
Magos de la Tierra reunió a creadores contemporáneos de todas las culturas, las más desarrolladas y las más populares simultáneamente. Los excelentes pintores, escultores y arquitectos rusos que coincidieron con la Revolución de 1917 quisieron popularizar las artes visuales. Sin embargo todos esos esfuerzos terminaron en el exilio, en Alemania, como consecuencia de la dictadura stanilista. Lamentablemente, el gran intento de los constructivistas de educar y acercarse a las masas populares con las artes visuales, no se cumplió. Y lamentablemente, 70 años después hemos visto que no tuvieron éxito ni su propuesta artística, ni la política.

En la línea del «arte popular» (low art) corresponde recordar las obras del artista y poeta alemán
Kurt Schwitters, que hacia 1919, integró en sus collages, a los diarios que la gente leía en sus casas. Su técnica inspirada en los papeles pegados cubistas, democratizó la pintura con ensamblajes y pinturasobjetos utilizando boletos, prospectos comerciales, etiquetas, tarjetas postales. En los años sesenta aparecieron las preocupaciones del arte pobre (arte povera), término acuñado por el crítico italiano Germano Celant, en 1967, para describir el trabajo de una joven generación de artistas de su país, que utilizaron materiales simples y económicos para invertir el modo tradicional del «high art» (arte culto).

Una excelente exhibición de
Jannis Kounellis nos mostró esa propuesta de los italianos en el Museo Nacional de Bellas Artes, en 2000, gracias a los buenos oficios de la crítica romana Chiara Zevi. Fue hace cinco décadas, en 1955, cuando el pintor Arnold Bode y el teórico Werner Haftmann decidieron restablecer las relaciones culturales entre Alemania y el mundo, cortadas por el nazismo en 1933. Fundaron Documenta, una muestra internacional en la ciudad de Kassel, Estado de Hessen, donde se advertían aún entonces las heridas edilicias de los bombardeos de guerra. Aquella experiencia, celebrada en el Museo Fredericianum, con telas y esculturas del último medio siglo -de Picasso a Pollock-, tuvo 130.000 espectadores, un éxito que llevó a Bode y Haftmann a convertir a Documenta en una exhibición permanente, de realización quinquenal, desde 1972.

• Despegue

El autor de aquel despegue fue el curador suizo Harald Szeeman, director de Documenta V, que abrió allí las puertas europeas a países asiáticos y africanos, y puso el acento de la muestra en el análisis del proceso artístico más que en la valoración de las obras. «Cuando las actitudes se convierten en formas» fue su primer gran muestra en el Museo que dirigía en Berna. Szeeman no actuó sólo en 1972, o, si se quiere, tuvo una colaboración única y descollante: la del eximio creador alemán Joseph Beuys (1921-1986). El había intervenido en Documenta III (1964) y IV (1968), y ofreció en la quinta edición una obra inesperada: sus debates con el público, en cada uno de los cien días de la muestra, acerca de la democracia directa como única estructura de apoyo para la cultura de los ciudadanos de todas las regiones: ricas y pobres.

De algún modo, la XI Documenta, en 2002, retomó el dominio de lo social suscitado por ambos -el artista y el teórico-, en 1972 y 1977. La muestra más importante del mundo presentó sociedades marginadas, persecuciones a minorías y degradaciones. El curador fue el nigeriano
Okwui Enwezor, licenciado en literatura y ciencias políticas en la Universidad de Cornell y curador del Art Institute de Chicago. Su enorme mérito fue haber continuado la calidad de las diez ediciones anteriores, con lenguajes contemporáneos y mostrando desde la perspectiva artística «el mundo globalizado de hoy», incluyendo Africa. Esta versión no pasó como en ocasiones anteriores solamente por el eje Los Angeles-Nueva York-París-Londres-Colonia. Señaló que, además de esos grandes centros, hay artistas de otras ciudades del mundo. La visión comercial de otras muestras internacionales, donde las galerías y casas de remate tuvieron mucha influencia, en esa oportunidad quedaron fuera de la exhibición. «Nosotros queremos establecer un diagnóstico más que un pronóstico. No podemos admitir la pretensión arrogante de la totalización».

Live8
logró priorizar en la agenda de la Cumbre de los 8, la preocupación por la pobreza en el mundo, especialmente en Africa. Consiguieron que los países más industrializados firmaran un Acta Compromiso para aumentar en 50 mil millones de dólares la ayuda anual a los países subdesarrollados. Un desafío para que las artes visuales se sumen a este camino tan fabulosamente creativo iniciado por la música popular.

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