27 de agosto 2008 - 00:00

"La danza crece en mesetas y el Estado la ayuda poco"

Roxana Grinstein: «El programa que presentaremos en elSan Martín, por azar casi, es un muestrario de lo que sehizo en tres décadas».
Roxana Grinstein: «El programa que presentaremos en el San Martín, por azar casi, es un muestrario de lo que se hizo en tres décadas».
El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, dirigido por Mauricio Wainrot, estrena el viernes un nuevo programa, compuesto por «Anna Frank», de Wainrot, «Tangos golpeados», de Alejandro Cervera (estreno) y «El escote» de Roxana Grinstein. Grinstein, una de las más cotizadas coreógrafas de nuestro medio, vuelve con «El escote» (que estrenó en 1992) a exponer una obra fundamental de su carrera.

La coreógrafa estudió en el país composición coreográfica con Ana Itelman y en los Estados Unidos en las célebres escuelas de Martha Graham, Merce Cunningham y Luis Falcón. Tiene su propio estudio de danzas desde 1982, creó su propia compañía en 1985 y desde 2000 dirige «El Portón de Sánchez», uno de los reductos más activos de la danza en Buenos Aires. Dialogamos con ella:

Periodista: ¿Por qué la reposición de «El escote» y no un estreno?

Roxana Grinstein: Fue resultado de una charla que tuvimos con Mauricio Wainrot. Me preguntó si quería reponer algo o estrenar y me pidió dos proyectos para estrenar. Le escribí dos ideas, pero ya tenía la intención de reponer «El escote» que cumplía 15 años esta temporada. Tenía ganas de que las nuevas generaciones la vieran. Es una obra que afuera se ha seguido haciendo mucho y acá no. Como tenía esta intención, cuando Wainrot me convocó se me ocurrió ofrecérsela como propuesta. Además, ahora se verá en la sala Martín Coronado y con los espléndidos bailarines del Ballet Contemporáneo.

P.: ¿Introdujo algunos cambios en la obra?

R.G.: Va a verse como cuando se estrenó, aunque cada cuerpo que la haga siempre supondrá una modificación. Tiene qué ver con los físicos, con el espacio, con los colores, pero en esencia es lo mismo. Ayer descubrí que el programa tiene una obra de los 2000, una de 1990 y una de 1980, lo que no deja de ser atractivo como muestrario de la danza en los últimos años.

P.: ¿«El escote» es sólo un trabajo sobre las formas o también hay contenidos que trascienden lo formal?

R.G.: La forma siempre pesa. Puede contar algo tradicional como una anécdota o una narración, o puede se contar algo desde lo formal, pero siempre importa. Yo trabajé desde lo oculto, lo que se ve y lo que no se ve. También hay un contenido que tiene que ver con un clima de opresión, pero también con la sensualidad, con la mujer y el opuesto, el hombre. Hay cuatro mujeres y un varón. Hay contenido pero también algo muy bello como forma. Esas fueron como capas de la composición. El recurso que trabajé fue la economía del movimiento. Puedo contar mi idea a través de la economía del movimiento. Una idea que se mantiene hasta el final y termina siendo el elemento motivador del lenguaje que utilizo.

P.: ¿Por qué en la danza contemporánea siempre hay más mujeres que hombres?

R.G.: Creo que está cambiando esa realidad. Hay una gran cantidad de hombres creadores que trabajan a la par de las mujeres. Pero en los 90, es cierto, había muchos menos hombres que ahora. El contexto ha cambiado bastante y hay una gran cantidad de hombres, tanto creadores como bailarines.

P.: ¿Un bailarín puede vivir hoy de su trabajo?

R.G.: Es difícil. Yo creo que los subsidios han permitido que haya una nueva economía para la danza. A nosotros, en el país, nos cuesta todavía entender esto. Creo que el Estado debería dar más subsidios para la danza, y que quien quiera dedicarse a ella pueda vivir sin apuros económicos. El de la danza es un camino que tiene menor vida que el teatro, por ejemplo. La danza siempre viene un poquito detrás y hay que luchar iguales condiciones para ambos.

P. ¿Hay algún avance en ese aspecto?

R.G.: A veces la danza creceen mesetas. Lo importante es la Ley de Danza, que está más allá de los funcionarios. La comunidad debe colaborar en este sentido para que se cumpla.

P.: Usted trabajó en la última «Carmen»de Bizet del Teatro Colón como coreógrafa. ¿Qué opinión tiene sobre la inminente Ley de Autarquía?

R.G.: No la conozco bien, pero me parece que con respecto al teatro Colón todos debemos estar ocupados para que se reabra. La Ley debe ser bien clara para que no se tergiverse, pero no quiero hablar demasiado del tema porque lo desconozco. El Colón no debe estar cerrado, toda la población debe estar expectante y no hay que descuidar nada de lo que sucede en él.

P: ¿Habiendo trabajado en el ámbito privado y el oficial, qué diferencias observa entre uno y otro?

R.G.: Las estructuras son distintas, por cierto. En el ámbito oficial hay un marco de contención que en el privado no se tiene. Todos los elementos, las salas y las compañías son realmente buenos. Lo que no cambia son los bailarines, que los hay muy buenos en el teatro oficial y en las compañías privadas. En el Ballet Contemporáneo trabajé con gran tranquilidad. En el teatro San Martín no se sienten las presiones que a veces se padecen fuera del ámbito oficial.

Entrevista de Eduardo Giorello

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