Vuelve Gustavo Fontán, creador siempre singular y sensible, y con él Belén Blanco en un personaje de particular exigencia. Dato curioso: Fontán, conocido por sus obras de alcance poético y sus retratos de escritores, retoma aquí pautas narrativas que hasta ahora sólo había empleado en su primera película, “Donde cae el sol”, y con más libertad en “La madre”.
"La deuda": Belén Blanco, una jugadora en poético drama
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Esta es la historia, breve, intensa, coescrita con la novelista Gloria Peirano. Una mujer joven se ha llevado dinero del trabajo. No es la primera vez. Tampoco será la primera vez que muestre un mínimo de vergüenza cuando sea descubierta por un compañero. Esa misma noche debe cubrir el faltante. Pide, casi reclamando, a parientes y conocidos. Malhumorada, antipática, es difícil creer que alguien pudiera prestarle lo que falta. Para colmo, no es la primera vez que pide. Al fin, cuando consigue la suma reclamada, ¿qué cree el lector que ella hace con toda esa plata? Bingo. Pero no.
La deducción era básica. Hay muchas mujeres obsesivas, solas en los bingos, y el cine ocasionalmente las registra (recuérdese, por ejemplo, “Dora la jugadora”, de Eduardo Pinto). Pero en este caso, justo cuando nuestro personaje entra a uno de esos tugurios luminosos, ocurre una sorpresa. Una vuelta de tuerca que nos lleva a reconsiderar la historia y reconocer nuestros prejuicios. No, ésta no es una película cualquiera. En el reparto, Leonor Manso. Coproductores, Lita Stantic y los hermanos Almodóvar.
”La deuda” (Argentina, 2019). Dir,; G. Fontán. Int.: B. Blanco, M. Subiotto, L. Manso.

