30 de enero 2004 - 00:00
La emigración como tragedia
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Víctor García Peralta se inició como actor y director en Brasil y desde entonces siempre ha mantenido un fluido contacto con el ambiente teatral brasileño. En Buenos Aires ya dio a conocer varias obras de Miguel Falabella («Cómo rellenar un bikini salvaje», «En pampa y la vía», «El submarino») y tiene pensado estrenar otra más en abril, «Síndromes» con Mabel Manzotti como protagonista.
Periodista: ¿Usted es el director que más obras brasileñas estrenó en la Argentina?
Víctor García Peralta: No sé si estrené tantas, pero lo más curioso es que desde hace un par de años volví a trabajar en Brasil, también con textos de autores argentinos. En realidad yo viví en Brasil hasta 1984, ahí decidí tomarme un año sabático en la Argentina, pero como hice «Las lágrimas amargas de Petra Von Kant», que tuvo tanto éxito, me fui quedando en Buenos Aires. A principios de 1999, me ofrecieron dirigir « Decadencia» de Berkoff, con dos muy buenos actores de Río. Esa obra estuvo tres años en cartel y le gustó tanto a Bosco Brasil que me pidió que dirigiera «Nuevas directivas para tiempos de paz» en la Argentina.
P.: ¿En qué se inspiró el autor para escribir esta obra?
V.G.P.: El dice que decidió escribirla el día del atentado a las Torres Gemelas. Esa noche, Bosco tenía pensado ir a comer con su mujer y un actor amigo para hablar de un nuevo proyecto teatral, pero el tema excluyente de esa cena fue: «¿Vale la pena hacer teatro en un mundo en guerra?». Así nació.
P.: La obra está basada en una anécdota muy ligada a los orígenes de nuestro país.
V.G.P.: Así es, narra la llegada de un inmigrante polaco al puerto de Buenos Aires, el 18 de abril de 1945. El dato resulta mucho más irónicoen la versión argentina, porque nuestro país entró en guerra contra Alemania el 27 marzo, cuando la guerra ya había terminado. En cambio, Brasil se había declarado en guerra dos años antes. El polaco llega con su visa para trabajar como agricultor, pero se encuentra con este oficial administrativo que no lo deja ingresar porque lo encuentra sospechoso. Durante la obra uno va descubriendo que este empleado tiene un pasado ligado a la extrema derecha argentina, es un tipo que ha torturado gente. También se va revelando que el personaje del polaco es un actor que elige trabajar en agricultura porque está en crisis con su profesión. La obra plantea en realidad un enfrentamiento entre dos culturas. Hay que ver la idea que tiene este europeo de la argentina, porque él llega del horror, viene huyendo del nazismo.
V.G.P.: La obra no sólo es un homenaje a los inmigrantes y a los que hicieron el país, es también un homenaje al teatro. Bosco se inspiró lejanamente en el famoso director polaco Zbigniew Ziembinski que revolucionó la escena brasileña cuando en 1943 estrenó «Vestido de novia» de Nelson Rodrigues. Desde entonces fue considerado el fundador del teatro moderno brasileño. Para mí, como argentino, la obra está ligada indefectiblemente a figuras tan queridas y admiradas como Heddy Crilla, la gran maestra de actores, la gran actriz rusa Galina Tolmacheva que se asentó en Mendoza, sin olvidar al escritor y dramaturgo polaco Witold Gombrowicz. Una de mis escenas preferidas de esta obra es cuando el inspector le promete al inmigrante polaco que lo dejará ingresar al país siempre y cuando logre hacerlo llorar en diez minutos con algo de su historia personal. El logra conmover a este empleado hostil, pero no le cuenta una anécdota propia, le recita un monólogo de «La vida es sueño» de Calderón de la Barca. Un hermoso homenaje al teatro.
Entrevista de Patricia Espinosa



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