13 de agosto 2008 - 00:00

"La escafandra y la mariposa"

De «Mi pieizquierdo» a«Mi ojoizquierdo»:MathieuAmalric es eldesafortunadoperiodistaBauby en «Laescafandra yla mariposa».
De «Mi pie izquierdo» a «Mi ojo izquierdo»: Mathieu Amalric es el desafortunado periodista Bauby en «La escafandra y la mariposa».
«La escafandra y la mariposa» («Le scaphandre et le papillon»; Francia-EE.UU., 2007; habl. en francés). Dir.: J. Schnabel. Int.: M. Amalric, E. Seigner, M. J. Croze, M. von Sydow.

La historia de Jean-Dominique Bauby, exitoso editor de la revista «Elle», terminó asemejándose a la del aun más desdichado Christy Brown, cuya existencia encarnó en el cine Daniel Day-Lewis en «Mi pie izquierdo». La discapacidad de Brown, desde su nacimiento, sólo le permitía emitir sonidos guturales y mover ese pie (con el que pintó, escribió y se comunicó). Bauby, en cambio, llevó una vida de vértigo, fama y fortuna, hasta que a los 43 años quedó paralizado por un accidente cerebro-vascular que apenas le dejó movilidad y visión en un ojo, también el izquierdo.

Las diferencias de tono, temperatura emocional y tratamiento dramático entre ambos films no son tantas como para subestimar ahora al primero (como hace la crítica actual) y sobreestimar al nuevo. La restricción casi total de movimiento propia del personaje de Bauby (a quien interpreta el hoy destacado actor francés Mathieu Amalric) impide, en todo caso, que se entregue a los esfuerzos, sofocaciones y desplazamientos serpenteantes de Day-Lewis.

Esa misma condición física de Bauby fuerza, del mismo modo, a que el guión posibilite el desarrollo dramático de los que fueron los últimos meses de su vida mediante un riquísimo empleo de la voz en off, sin la cual el personaje sería, cinematográficamente hablando, no mucho más que un ente vegetativo, a quien una asistente reeduca para que pueda comunicarse, mediante movimientos de su único párpado móvil, a medida que le recitan el abecedario (en realidad, una cadena de letras ordenada según su frecuencia de aparición en la lengua francesa). El procedimiento de la voz en off, cuya utilización en el cine suele no ser demasiado afortunada (por lo común, tiende a hacer explícito lo que muchas veces no debería ser tal), aquí en cambio juega una importancia casi decisiva: el contrapunto entre lo que piensa, desea y dice interiormente Bauby, a lo que sólo el espectador puede acceder, no sólo define a su personaje (mucho más que los flash-back sobre sus años afortunados) sino que, al mismo tiempo, le sirve al director Julian Schnabel («Antes que anochezca») para distanciarse, un poco, del habitual matiz compasivo con el que la pantalla suele tratar a los protagonistas de estas historias.

En ese sentido, hay escenas ilustrativas sobre la absoluta carencia de autocompasión de Bauby; la más notable es aquella en la que un par de empleados de una telefónica, dentro de su habitación en la clínica, hacen una broma de humor negro que oye, ofendida, la asistente. La voz en off deja escuchar la carcajada de Bauby, que ríe con ellos, y se burla de la mujer por su intemperancia y malhumor.

Si bien esta forma de comunicación es artificiosa, Schnabel logra acostumbrar rápidamente al espectador a ella, y al poco tiempo todo se vuelve fluido. Como fluida, y no forzada, es la contenida emoción que surge de la comunicación con su padre (el gran Max von Sydow), con su esposa e hijos, y la melancólica fantasía que articuló también su libro final, en el que una mariposa, y una escafrandra, terminan ocupando un lugar de inesperado símbolo.

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