26 de enero 2002 - 00:00

La Feria ARCO madrileña camino a convertirse en la líder de Europa

M ientras la crisis y el silencio que impone el verano oscurecen el escenario del arte, Alejandro Corres, director de la feria de galerías Arte BA, anunció que la edición de este año programada para mayo se suspenderá hasta setiembre u octubre. Por motivos económicos la galería Gara, que el año pasado abrió un nuevo espacio de excelencia dedicado a exhibir instalaciones, cerró sus puertas hace unos días. Sin embargo, varios galeristas perseveran en la suya y miran hacia España.

La feria madrileña de ARCO es el destino de la hoy pujante Europa donde al promediar febrero, las galerías Ruth Benzacar, Arte x Arte, Del Infinito y Luisa Pedrouzo desembarcarán con un extenso panorama del arte argentino contemporáneo.

Andrés Compagnucci, Nicola Costantino, Martín Di Girolamo, Víctor Grippo, Fabio Kacero, Jorge Macchi, Fabián Marcaccio, Marie Orensanz, Marcelo Pombo, Liliana Porter, Pablo Reinoso, Gustavo Romano, Miguel Rothschild, Pablo Siquier, Roman Vitali, Silvia Rivas, Matilde Marín, Nushi Muntaabski, Cristina Schiavi, Fabiana Barreda
, el fotógrafo guatemalteco González Palma, Alfonso Castilla y Marcelo Astorga, integran la selección.

ARCO, que se ha convertido en la feria de arte contemporáneo más importante del mundo luego de Art Basel y junto a la FIAC de París y Art Chicago, refleja en su XXI edición el intenso crecimiento económico de España durante las dos últimas décadas, dado que en este fenómeno de prosperidad el arte jugó un papel fundamental.

Inversión

Cuando se diseñó la política de inserción en el concierto de las grandes naciones, España apostó a la inversión en cultura y, en especial, en el arte. Con una doble estrategia se convocó a galeristas de Nueva York con prestigio consolidado, como Leo Castelli, quien a partir de la década del ochenta ocupó en ARCO un sitio de honor y facilitó el acceso de los artistas españoles a EE.UU., y vale como ejemplo el cotizado Miquel Barceló.

En este doble juego y con el imperativo de refundar España, la vidriera de mayor visibilidad fue una feria de grandes dimensiones con arte de la mejor calidad; el enclave convocó de inmediato al turismo cultural, al que se sumaron simultáneamente el Museo Reina Sofía y la colección Thyssen en el ya atractivo circuito del Museo del Prado.

Este año, cuando luego de los atentados en EE.UU., Art Basel decidió suspender la feria que en enero iba a reunir en Miami el mercado europeo y americano, ARCO va a confirmar sin duda su predominio entre la clientela latina.

Cada edición de la feria madrileña se dedica a un país diferente; el año pasado el invitado especial fue Gran Bretaña y este año es Australia, como una vez lo fue toda América Latina, aunque de manera generalizada. Dato que deja a la vista una realidad: en la lista figuran Francia, Italia, Portugal, EE.UU., pero ningún país latinoamericano todavía.

El alquiler de un stand ronda los 15.000 flamantes euros, y cada galerista debe calcular un total de no menos de 35.000, entre transporte, pasajes y otros gastos que se cubren fácilmente con la venta de un
Picasso, pero resultan difíciles de recuperar con artistas jóvenes cuyas obras tienen valores bajos. En estos tiempos de bancarización forzosa, cuando la devaluación dificulta que los artistas salgan en forma individual a ganar el mundo, no se puede negar que el emprendimiento de las galeristas Orly Benzacar, Luisa Pedrouzo, Luz Castillo y Estela Totah tiene su mérito.

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