2 de diciembre 2002 - 00:00

La historia, con próceres varones y voces de mujer

Mirta Bodgasarian
Mirta Bodgasarian
Cuatro actrices dan vida a cuatro hombres íntimamente ligados con nuestra historia. La obra, titulada «Que paren los relojes» está basada en las novelas de Andrés Rivera «El farmer»,»La revolución es un sueño eterno», «El amigo de Baudelaire», «La sierva» y en el relato «Guido Fioravanti», extraído del volumen «Para ellos, el paraíso». Con estos textos, la actriz Mirta Bodgasarian montó un espectáculo en el que se encuentran representados distintos sectores de la sociedad argentina y que se propone continuar la misma línea que Rivera, recreando personajes tan complejos como Rosas ( Gabriela Ditisheim) o prácticamente olvidados como Juan José Castelli, «el orador de la Revolución de Mayo» (a cargo de la misma Bogdasarian), tratándolos como figuras directamente conectadas con nuestra actualidad. Completan el elenco de la pieza, que se representa todos los viernes, a las 21 y 23, en el Sportivo Teatral (Thames 1426), María Inés Sancerni como el sindicalista
Guido Fioravanti, y Julia Catalá como el Juez Bedoya, único personaje ficcional.

Periodista: ¿Cómo capitalizó el hecho de que fueran actrices quienes interpretaran esas voces tan viriles?


Mirta Bodgasarian
: Lo bueno de ser mujeres diciendo estos textos es que permite una lectura más atenta y desprejuiciada. Frente a personajes tan tremendos como Rosas, la gente está muy cargada de preconceptos. Todo el mundo tiene una idea más o menos vaga, más o menos opinada sobre él, no es un personaje que pase inadvertido en el inconsciente colectivo, y al ser dicho por mujeres hay algo de ese preconcepto que se desarma, se escucha más el discurso y sus implicaciones sin que la figura del personaje interfiera tanto. Si ese papel lo hiciera un hombre en uniforme, respondería a un camino ya hecho y la gente está muy adaptada a eso. Pero, en cambio, es muy diferente ver a una actriz, con un vestido de color violeta, ajustado, y con tacos altos diciendo: «Maten al gaucho Urquiza». Es rara la combinatoria pero al mismo tiempo permite una mayor reflexión sobre lo dicho.

P.: ¿Cómo controlaron sus propias adhesiones y rechazos ante cada personaje? El mismo Rivera confesó alguna vez que para escribir «El farmer» tuvo que reprimir su rechazo hacia Rosas.


M.B.:
En principio nos propusimos como ideal no tomar partido por ninguno de estos personajes. No quisimos criticar ni apoyar a ninguno de ellos, porque eso iba a aparecer naturalmente desde el entretejido de estos cuatro discursos. Esta totalidad es la que permite generar una reflexión sobre lo que nos pasó a los argentinos y por qué estamos como estamos. Si hubiésemos remarcado una línea más ideológica o política en cada uno de estos personajes, esto hubiera ido en detrimento de la totalidad; ya no tendríamos una mirada sobre el país, sólo opiniones parcializadas. Presentar a un Rosas absolutamente malo sólo disminuiría la capacidad de opinión del espectador, que es ver a Rosas pensando y actuando con todas sus contradicciones, o ver al juez Bedoya que es un engranaje importante para entender la Argentina de hoy.

•Indagatoria

P.: ¿Qué las impulsó a indagar en la historia?

M.B.:
La necesidad de resistir ante la terrible dispersión que hay en estos momentos, en todo sentido. También creo que la gente está encontrando más contención en aquellos movimientos más ligados al arte y a lo expresivo que en los organismos o instituciones nacionales. No creo que el objetivo del arte sea hacer política y tampoco dar respuestas, pero al menos ofrece un lugar de contención y reflexión. El teatro, al menos está ocupando esa función hoy más que nunca.

P.: ¿Qué visión del país cree usted que ofrece este espectáculo?


M.B.:
Una visión desoladora.

P.: Sin embargo, algunos de ellos luchan con todas sus fuerzas para construir una nación.

M.B.:
Sí, pero hasta los más utópicos terminan fracasando.

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