11 de junio 2008 - 00:00

"La León"

«La León»tiene buenascomposicionesy un climainteresante,pero el relatono convence; lomás destacablees la excelentefotografía enblanco y negrode PaulaGrandío.
«La León» tiene buenas composiciones y un clima interesante, pero el relato no convence; lo más destacable es la excelente fotografía en blanco y negro de Paula Grandío.
«La León» (Arg., 2007, habl. en español). Guión y dir.: S. Otheguy; Int.: J. Román, D. Valenzuela, J. Muñoz y otros.

La película que aquí se expone (palabra que puede usarse en más de un sentido) nació como un cortometraje, y no se expande mucho más allá. Tampoco su argumento se quiere expandir más allá del lugar de rodaje, la tercera sección del Delta. Su elenco es de pocos nombres, básicamente dos actores profesionales, Jorge Román y Daniel Valenzuela, bien apreciados, y algunos pobladores del lugar, que en ciertos casos representan algo más que sus labores habituales. Gente atenta, circunspecta, que, sin decir nada, aumenta sus reservas cuando ve algo distinto.

El personaje principal, es algo distinto. Es un isleño trabajador, colaborador, pero tal vez un poquito delicado, demasiado sensible, sobre todo para los parámetros del lanchero de la zona, hombre tosco, mandón, determinante, que no sabe cómo tratar al otro. Y como tampoco sabe tratarse a sí mismo lo que él mismo pareciera llevar adentro, digamos que no siempre actúa de modo civilizado. Bueno, el lugar tampoco lo ayuda. Con estos pocos elementos Santiago Otheguy, camarógrafo de «Nordeste», desarrolla una pequeña historia, un tantito objetable en algunas descripciones y resoluciones, pero interesante, una historia hecha de miradas reprobatorias, desafiantes, o huidizas, agresiones y silencios, pajonales y riachos, donde el isleño tiene la enriquecedoraamistad de un viejo con el que comparte la afición a la lectura, y el lanchero tiene el dominio dentro de su nave, pero en tierra no siempre sabe manejar a los demás, ni manejarse.

No pasa mucho más, pero es bueno advertir que cosas más o menos similares pasan mucho, en cualquier tipo de isla. Y que en este específico caso hay, no digamos un final feliz, pero inesperadamente «saneador». En resumidas cuentas: buenas composiciones, clima interesante, relato mejorable, y, esto hay que destacarlo, una fotografía en blanco y negro impecable de la ascendente Paula Grandío («Silvia Prieto», «Tocá para mí», segunda unidad de «La antena», etcétera).

P.S.

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