28 de enero 2005 - 00:00

La leyenda Parsons conformó a sus fans

Aunque sus juegos sonoros hoy ya no sorprenden, el legendario Alan Parsons entusiasmó a los admiradores que colmaron el Gran Rex y batieron palmas durante todo el show.
Aunque sus juegos sonoros hoy ya no sorprenden, el legendario Alan Parsons entusiasmó a los admiradores que colmaron el Gran Rex y batieron palmas durante todo el show.
«Alan Parsons Live Project». A.Parsons (teclados, guitarra, voz). Con G. Townsend, P. J. Olson (guitarras, voz), S. Murphy (percusión, voz), J. Montagna (bajo, voz) y M. Focarazzo (teclados, voz). (Teatro Gran Rex, 26/1; repite el 29/1.)

El legendario Alan Parsons abrió la agenda internacional del año, el miércoles, ante un colmado Gran Rex (teatro que, dicho sea de paso, fue autorizado a reabrir sus puertas el lunes luego de ser clausurado por fallas en sus medidas de seguridad).

El currículum de Parsons, prácticamente lo libera de cualquier otro comentario. Nacido en 1949 en Londres, el músico es parte indisoluble de la historia del rock internacional. Fue productor de discos emblemáticos como «Abbey Road» de The Beatles y «Dark side of the Moon» de Pink Floyd. Pero además, ya en los años '70, al frente de su Alan Parsons Project -que sigue siendo su marca registrada- se convirtió en un referente de las renovaciones musicales, las experimentaciones tecnológicas, el minimalismo, y la canción con gran desarrollo sonoro. Y se mantuvo en ese lugar de liderazgo hasta bien avanzados los años '80, con álbumes importantes como «Tales of Mistery and Imagination», «Robot», «Eye in the Sky», «Avenue» o «Vulture Culture». Luego, siguió grabando y editando discos, aunque su significación -por reiteración de lenguaje o porque las tendencias musicales fueron buscando otros rumbos- fue disminuyendo; y su último trabajo es «Valid Path», editado el año pasado.

Con toda su gloriosa historia a cuestas y acompañado por un quinteto de músicos profesionales que pueden cumplir distintas funciones, Parsons presentó en el Gran Rex un repertorio que mezcló algunas piezas de su disco más reciente («Return to Tunguska», «More lost without you», «We play the game»), con clásicos que fueron, naturalmente, los más festejados por los fans, como «Robot», «Don't answer me», «Days are numbers» o «Psychobabble».

Fiel a su estilo, se mantuvo en su línea de rock sinfónico/juegos sonoros que lo hizo popular; aunque el paso del tiempo ha colocado su lenguaje más como un buen recuerdo que como un presente atractivo. Y como siempre también, las voces estuvieron repartidas entre él y todos sus compañeros que cantan con estilos similares. Nada de esto le importó a un público que, pese a cierta distancia puesta desde el escenario -se dice que producto de la timidez de Parsons- acompañó con palmas y se entusiasmó frente al ídolo, hoy casi sólo una leyenda.

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