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17 de julio 2007 - 00:00

La magia "caída del cielo"

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«Out of the Blue» no se limitó a la tradicional técnica de pantomima, sino que incluyó teatro de objetos, danza, trucos lumínicos y efectos sonoros.
«Out of the blue» por la Compañía Bodecker & Neander. Puesta en escena: L. Ménard. Int.: W. von Bodecker y A.Neander. Luces: D. Brun. Mús.: F. Gervais. Accesorios: M. Leportier. (Teatro Coliseo, Funciones del 13 y 14 de julio.)

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Con dos funciones en el Teatro Coliseo, la compañía Théâtre Mimo Magique Bodecker & Neander hizo su debut en Buenos Aires ante un público que supo apreciar la refinada técnica de estos dos aventajados discípulos de Marcel Marceau. Esta troupe alemana se hizo famosa por participar en «conciertos visuales» de música contemporánea junto a orquestas de renombre mundial.

«Out of the blue» («Caído del cielo») fue coproducido por la Academia de Bellas Artes de Berlín y es el segundo título de un amplio repertorio que incluye, entre otros trabajos, un homenaje al músico francés Eric Satie («Bonjour Monsieur Satie», estrenado en 2004).

La obra plantea el drama de un músico solitario y egoísta que, tras sobrevivir a un accidente aéreo, descubre que ha perdido su violoncello. Entre el ensueño y la realidad ve salir del estuche a un individuo alegre y optimista, que luego de jugarle algunas bromas lo ayuda a viajar con la imaginación para que recupere su instrumento. Ambos establecen un extraño vínculo de hostilidad y camaradería hasta que, por fin, llegan a un laboratorio con la intención de clonar un nuevo violoncello. Pero, el músico hace trampa y mediante un brebaje logra que su compañero de aventuras se metamorfosee en instrumento de cuerdas.

Los creadores de «Out of the blue» parecen haberse inspirado en la nouvelle de Patrick Süskind «El contrabajo», cuyo protagonista también tiene dificultades para relacionarse con el mundo por aferrarse obsesivamente a su herramienta musical. A lo largo de la obra, ese estuche vacío se va transformando en los más diversos objetos y, mientras los dos hombres juegan y se pelean entre la realidad y el delirio onírico, cada espectador debe determinar si el forzado acompañante del músico es producto de una alucinación (como la que sufrió Saint-Exupery con «El Principito») o bien se trata de la humanización de un objeto por efecto de un brote fetichista.

Wolfram von Bodecker y Alexander Neander son dos artistas muy expresivos; bailan con destreza y dominan las técnicas corporales de la Commedia dell'arte y de los cómicos del cine mudo. Sus espectáculos resultan atractivos ya que no se limitan a la tradicional técnica de pantomima, sino que incluyen teatro de objetos, danza, trucos lumínicos y algunos efectos sonoros. Además, en esta obra utilizan temas muy conocidos de las películas « Underground», «Delicatessen» y «Drácula» (la versión de Philip Glass). Todo esto ayuda a que el público siga atentamente sus andanzas, festejando sobre todo sus pases de magia (por ejemplo, un afiche que aumenta de tamaño) y otros trucos relacionados con el teatro negro.

A pesar de sus imágenes de gran belleza el espectáculo resultó un poco largo para este tipo de formato (casi dos horas). Inclusive, en la función del sábado pasado, el público se despistó y terminó aplaudiendo dos falsos finales. Aun así los comentarios a la salida fueron coincidentemente elogiosos, sobre todo en lo referido al lenguaje visual de la obra y al carisma de sus intérpretes. Muchos todavía lamentan que la función del domingo haya sido levantada por la final de la Copa América entre Argentina y Brasil.

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