8 de agosto 2002 - 00:00

La música, desde el Yukón hasta Ushuaia

La música, desde el Yukón hasta Ushuaia
Washington D.C. - Además del florecimiento de agrupaciones sinfónicas juveniles en Estados Unidos y Canadá, también han surgido en varios países de América Latina, desafiando formidables obstáculos, pujantes movimientos nacionales de orquestas de jóvenes.

Venezuela las tiene en prácticamente todas sus mayores ciudades, varias de las cuales -incluyendo la Orquesta Simón Bolívar, de Caracas - ostentan un reconocido nivel de excelencia. Costa Rica constituye otro ejemplo de éxito en la conformación de agrupaciones orquestales de jóvenes.

El entusiasta «padre» del movimiento de orquestas juveniles en las Américas es el maestro venezolano Antonio Abreu. Con habilidad musical y ductilidad política ha logrado respaldos gubernamentales y hasta del Banco Interamericano de Desarrollo para asegurar la viabilidad sostenible de estas magníficas instituciones.

Más allá de sus nobles cometidos artísticos, las orquestas juveniles cumplen una importante función social, fundamentada en el sinfín de ejemplos que aporta Abreu, como el joven contrabajista descubierto en un barrio carenciado de Caracas, hoy primer bajo de la Orquesta Sinfónica Nacional de su país, o el adolescente trombonista hondureño quien se desempeña hoy en la Filarmónica de Berlín.

No demanda esfuerzo intelectual el imaginar el poder ejemplificador de los logros de estos jóvenes talentosos ante sus pares: hacer música con otros chicos es ahora «cool», y supera con creces el «aburrimiento», el deambular sin rumbo por los shopping centers.

Ahora bien, a nivel regional, la Unión Europea ha organizado hace décadas una magnífica orquesta de jóvenes; la dirigen, ad honorem, maestros de la estirpe de Riccardo Muti. Los organismos sinfónicos profesionales de Asia se están nutriendo, también, del semillero de juventudes musicales que florece merced a la Orquesta Juvenil Asiática. Concursos de ingreso; semanas de ensayos y de giras por ciudades y festivales europeos y asiáticos generan amistades, ofrecen experiencias inolvidables, satisfacen curiosidades y promueven respeto por las diversas culturas.

El advenimiento de la Orquesta Juvenil de las Américas, creada a imagen y semejanza de sus modelos europeos y asiáticos, viene a paliar el vacío preexistente en términos de una orquesta de jóvenes representativa de las Américas, desde el Yukon hasta Tierra del Fuego.

Hoy la flamante orquesta es una realidad: un centenar de jóvenes de veinte países de las Américas seleccionados por concurso, han volado de Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Perú, México, Costa Rica, Nicaragua, Bolivia, Venezuela, República Dominicana o Canadá, para ensayar tres semanas con sus colegas norteamericanos en el reconocido Conservatorio de Nueva Inglaterra, y para emprender una gira que los lleva a recorrer once ciudades y siete países de nuestro hemisferio. El presidente de los Estados Unidos y la señora
Barbara Bush son presidentes honorarios del Consejo así como Madelaine Albright es presidenta del Consejo de Liderazgo de la Youth Orchestra. Su director artístico también está a la altura del nivel alcanzado por la orquesta, Plácido Domingo.

Debut

El concierto de debut tuvo lugar en el Jordan Hall de Boston el 25 de julio, con actuación del aplaudido pianista argentino Horacio Lavandera. El diario «Boston Globe», habitualmente reticente, saludó a esta joven orquesta con encomios y loas: «..quienes hoy dudan de nuestras juventudes y desesperan del estado de nuestro mundo hubieran encontrado solaz en las interpretaciones plenas de musicalidad de los integrantes de la Orquesta Juvenil de las Américas, de entre 12 y 25 años de edad.»

El 30 de julio, la Orquesta Juvenil de las Américas se presentó en el Filene Center for the Performing Arts de Washington, en vísperas de su gira inaugural por Latinoamérica.
Leonard Slatkin, titular de la National Symphony de esta capital, dirigió «Amanecer de Voces», inteligente amalgama de 17 temas de jóvenes creadores del hemisferio, encargo de la Orquesta Juvenil al compositor John Deak, y el Concierto para Violoncello y Orquesta de Dvorak, en el que se desempeñó como solista el célebre Yo- Yo-Ma. Tanto Ma como Slatkin donaron sus participaciones y gozaron de una comunicación óptima con los jóvenes músicos.

En la segunda parte del concierto se oyó la
Primera Sinfonía («Titán») de Mahler -en esta oportunidad, bajo la batuta de Benjamin Zander. Para satisfacer las exigencias de un público entusiasta, los bises fueron confiados al veinteañero, talentoso director venezolano Gustavo Dudamel, quien ofreció el Mambo de la suite de «West Side Story» de Leonard Bernstein, y el Danzón de Arturo Márquez. Dudamel danzó en el podio, y contagió impulsos de baile a buena parte del auditorio. A lo largo de un desafiante recorrido musical de más de tres horas, directores, solista, y músicos dieron lo mejor de sí mismos con magníficos resultados, que el público argentino podrá apreciar en el Teatro Colón el 13 de agosto. En esa oportunidad, Lavandera será solista en el Concierto para piano y orquesta N° 4 de Ludwig van Beethoven.

En un refrigerio ofrecido al final del concierto, la esposa del embajador de Brasil,
María Ignez Barbosa, dialogabao con los integrantes brasileños de la orquesta -así como lo hizo nuestro sonriente embajador Diego Guelar con los argentinos Griselda Giannini, Clara Nardozza, Florencia Tomassini y Andrés Martín.

La financista
Hilda Ochoa de Brillembourg, presidente del Directorio de la nueva abanderada sinfónica del continente, gozaba de un emotivo momento de satisfacción: gracias a su tesón, en menos de dos años, la Orquesta Juvenil de las Américas progresó de un concepto, a una audible realidad.

Dejá tu comentario

Te puede interesar