27 de mayo 2026 - 21:13

Cuatro películas de la Alemania Oriental sobre astronautas, utopías espaciales y el futuro comunista

La Sala Lugones proyectó el fin de semana un puñado de largometrajes de “fantasía científica”, o ciencia ficción, pertenecientes a la extinguida productora estatal DEFA de la Alemania Oriental.

Cuatro películas de la Alemania Oriental sobre astronautas, utopías espaciales y el futuro comunista.

Cuatro películas de la Alemania Oriental sobre astronautas, utopías espaciales y el futuro comunista.

No solo en EEUU se hacen novelas y películas de ciencia ficción. Las cuatro películas de Alemania Oriental que vieron este fin de semana en Sala Lugones, salidas del archivo de la extinguida productora estatal DEFA, son apenas la punta del cohete de una vasta producción cumplida durante los años del imperio soviético, claro que con características propias. Por empezar, no se usaba el término ciencia ficción, ni aún menos se escribía Sci-Fi, eso se consideraba una contaminación norteamericana. Allá se usaba la expresión “fantasía científica”, y “relato de anticipación” en las obras que imaginaban un mundo totalmente comunista donde ya no existirían fronteras nacionales ni conflictos sociales ni hambre ni guerra. Como eso no ocurría en el presente, se pateaba para más adelante.

Irónicamente, el socialista Werner Illing, autor de la novela “Utopolis”, definida como “una utopía proletaria”, cuando llegó el momento se quedó en el lado occidental, donde, entre otras cosas, escribió el cuento “El hombre de otra estrella”, sobre un extraterrestre que se detiene en nuestro planeta y al ver cómo somos prefiere seguir viaje. Ese cuento fue llevado al cine en 1948 y sería interesante verlo de nuevo.

Cuándo la ciencia ficción soñaba con un mundo comunista

Ahora bien, ¿quiénes hicieron las cuatro películas que ahora vimos? La más ideologizada es “La estrella silenciosa”, también conocida como “Un viaje a Venus”, 1960, donde la Federación Mundial para la Exploración del Espacio envía una nave rusa integrada por científicos de varias razas y naciones (al final de la nota diremos algo risueño sobre una de sus actrices). Producción germano-polaca notable para su época, “La estrella silenciosa” es una versión libre de la novela “Astronautas”, de Stanislav Lem, que rechazó la adaptación, demasiado cambiada para su gusto. Kurt Maetzig, su director, era miembro del Partido Comunista, autor de obras como “El consejo de los dioses”, que imagina una clara complicidad entre empresas nazis y norteamericanas durante la guerra, y el extenso biopic “Ernst Thalman, hijo de la clase obrera”, entre otras películas de propaganda. Murió en 2012, veinte años largos después de la caída del Muro.

Muy distinto era Gottfried Kolditz, que hizo comedias, cuentos infantiles, ¡westerns con peleas de apaches y vaqueros, todos germanos!, y, como cabe esperar, también hizo aventuras en el espacio. La primera fue “Señales. Una aventura espacial”, 1970, sobre novela de Carlos Rasch, un autor popular nacido en Brasil y criado en Alemania, donde publicó casi toda su obra. Historia de una nave que busca a otra supuestamente perdida, “Señales” quería ser tan espectacular como “2001. Odisea del espacio”. Cámaras de 70 mm., efectos especiales muy bien aplicados por Kurt Marks y Stanislaw Dulz (más conocido por los dibujos de Bolek y Lolek para niños), todo eso. Más adelante, Kolditz hizo una rareza al límite de lo entonces permitido, “En el polvo de las estrellas”, 1976, donde los tripulantes de una nave se encuentran con alienígenas muy amables y fiesteras, iguales a las chicas terrestres y todas en bikini. Pero la amabilidad esconde otra cara bastante espantosa (más confiables eran Beba Bidart y Ethel Rojo como las venusianas que Los Grandes del Buen Humor se traen a la Tierra en “El satélite chiflado” -y a la vuelta casi chocan con el Obelisco).

Entre medio está “Eolomea”, 1972, donde ocho naves y una estación orbital pierden contacto con la Tierra y la directora del Consejo Espacial entra en conflicto con un científico sospechoso de ocultar datos sobre un proyecto nunca aprobado. Enorme coproducción germano-ruso-búlgara en 70 mm., se basa en una novela de Angel Wagenstein, búlgaro de ascendencia sefaradí que luchó contra los nazis, escapó de una prisión, a última hora se salvó del fusilamiento en otra, después se dedicó a escribir guiones y novelas, lo que se dice una vida entretenida. En cuanto al director de “Eolomea”, Hermann Zschoche, era apenas un niño durante la guerra, y después pasó casi toda su vida dentro de los estudios de cine. El hizo romances adolescentes y juveniles, comedias musicales, aventuras, y un drama existencial que fue prohibido y recién pudo verse cuando cayó el régimen: “Karla”, 1965, elogio de una profesora pesimista respecto al futuro de la sociedad. Más tarde le prohibieron otra película, pero no porque dijera algo contra el régimen, sino porque su protagonista escapó a Occidente justo en la semana de estreno. Cuando al fin se estrenaron Zschoche ya estaba dedicado a las series televisivas. Su último trabajo fue un capítulo de la serie austríaca “Comisario Rex”, la del perro de policía que, según cuentan, era lo único que veía el Papa Benedicto XVI al final de sus jornadas.

Volviendo a “La estrella silenciosa”, la tripulación debía ser internacional, así que hubo actores de distintos países. Representando al Japón estaba Yoko Tani, que venía de filmar con Dirk Bogarde “El viento no sabe leer”. Menudita, carita dulce, Yoko nació en Paris, hija de un diplomático, creció en Tokio, y apenas jovencita volvió a Francia para estudiar, pero en vez de entrar a la Sorbona entró a un cabaret y se hizo stripper. Talentosa, pronto pasó a hacer teatro, cine y televisión. Filmó con Fernandel, Jean Gabin, Fresnay, Anthony Quinn (“Salvajes inocentes”), Gordon Scott, Yves Montand, Dean Martin, comedias picarescas, dramas pasionales, cintas de espionaje, peplums, también dos dramas japoneses sobre el martirio de los primeros cristianos en el Japón, y tres del argentino Hugo Fregonese: “Marco Polo” (es la hija del jefe mongol), “FBI Operación Baalbek” y “El secreto del doctor Mabuse”. Esta que ahora vemos, donde hace de astronauta, es una de las pocas películas donde aparece siempre vestida.

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